El punto G 24
Debía tener trece o catorce años e iba al colegio a la mañana. Pero G, mi hermano, iba a la tarde… Gran problema cuando se comparte una habitación (no tardé mucho en huir hacia lo que era la habitación de servicio, pegada al lavadero).
Yo me acostaba a un horario razonable; G permanecía despierto hasta la madrugada, sacándole brillo a su primera computadora.
Una noche de invierno, como muchas otras, me fui a dormir mientras G se quedó frente al monitor, con la luz prendida.
Me desperté sobresaltado. G se dio cuenta. Le pregunté:
-Qué hora es?
-Las siete, no vas al colegio?
-Uh, me quedé re dormido.
-Sí…
Me vestí rápido, fui al baño, miré por la ventana cómo la mañana de invierno todavía era noche y el frío helaba todo, todo. Mamá dormía.
Tomé la carpeta, la lapicera, abrí la puerta, salí al pasillo, llamé el ascensor… Y apareció G con una carcajada asesina, digna del mejor Guasón.
-De qué te reís?
-De vos. Jajaja… Te dormiste hace media hora. Es la una y media.
-…
-Jajajaja.
-Pelotudo!
Volví a la cama, furioso. No fue la pimera vez que hizo cosas como ésas. Ni la última.

