El sol (no) sale para todos 11
No bien llegué a esta ciudad de descanso, ayer, viernes, a eso de las tres de la tarde, el sol asomaba por entre unas nubes. Llegamos con papá al hotel y me consultó sobre mis deseos inmediatos:
-Ni lo dudo, me cambio y me voy a la pileta, dije.
A las cuatro y algo, estaba con mi mallita, el protector solar ya puesto, las ojotas y el libro en la mano.
-Me esperás que me corto las uñas?, consultó papá.
Le dije que no, que lo esperaba abajo. Salí de la habitación, bajé hasta el primer piso, salí hasta la zona de la pileta y…
Y…
Y ya no había más sol.
En cinco minutos, lo que demoré entre que salí del cuarto, esperé el ascensor y llegué a la pileta, las nubes habían tapado todo. Pero todo! Igual, guapo, me senté en la reposera, abrí el libro (Kitchen, de Banana Yoshimoto) y me dispuse a bancarme el gris del cielo.
Al minuto el viento me volaba los dos pelos que tengo en la cabeza y me daba vueltas las páginas del libro.
A los quince minutos, apareció mi papá, riéndose. “No te puede pasar esto”, me dijo.
Y sí, puede. Hace un día que estoy acá, todavía no volvió a aparecer el sol. Aparecerá en mis últimas 48 horas de descanso que me quedan?
PD: no viene al caso, pero ya que estamos les cuento que por un problema estomacal no puedo comer alocadamente. Anoche no pude probar bocado de la mesa de postres que incluia mousse de chocolate y de dulce de leche, brownies, espuma de frutilla y otras delicias. Hoy, en un desayuno no completo ni internacional, sino intergaláctico que incluía -a placer- omelettes, platos calientes, fiambres y toda clase de panes y facturas, Jotita comió unas tostadas con mermelada y unos quesitos.



