Derrotas, caídas, papelones y (des)encuentros…

MdP! Manual de Perdedores


Archive for junio, 2009


Duro 24

Posted on junio 28, 2009 by Jota

Después del decepcionante desenlace de la historia de Pequeña P -historia a la que le faltan algunos detalles del final, pero los dejaré para otro día-, decidí recomponer los cristales rotos y volver a la vida.

Y fui a trabajar, y salí con los muchachos, y jugué a las billas (pool), y cené, y tomé, y todas esas cosas.

Hoy, domingo, tenía una doble obligación: despertarme algo más temprano que de costumbre para pasar por el consulado argentino y justificar mi ausencia en los comicios para diputados y demases, y después tenía que trabajar.

Me levanté a las 10.30, más contento que lo normal, más descansado y despierto.

Me quedé un rato en la cama, ronroneando cual gato afiebrado.

Hice unas flexiones de brazos para demostrar que todavía no soy una momia.

Me levanté, fui al baño, abrí el grifo de la ducha, agua calentita en un baño frío, casi helado. Y entré a bañarme.

Y me lavé la cabeza, y me enjaboné el cuerpo, y sé que a ustedes no les interesan todas estas cosas, pero es importante… Algún movimiento de mi enjaboneo general provocó que en mi interior estallara algo. Algo hizo clic. Y mi cuello dejó de moverse.

Y me empezó a doler todo, desde el cuello hasta la cintura, como una ráfaga de puntiagudos vidrios rotos clavándose en mi piel. Y terminé de enjuagarme como pude. Y me sequé con dolor. Y me metí en la cama, durito, derechito, como podía.

Y cuatro horas después, con un ibuprofeno 600 y un diclofenac 50 corriéndome por las venas, todavía no puedo mover el cuello (aunque, verán, sí los dedos).

Y no sólo no fui a justificar mi no voto, sino que tampoco puedo ir a trabajar en este estado. Ni siquiera pude salir a comprar comida.

Y tengo hambre.

Y me duele el cuello cuando veo la tele, cuando quiero dormir, incluso ahora cuando estoy escribiendo estas líneas.

Ah, y estoy solo, de más está decirlo.

La vida de Jota es dura. Muy dura.

Pequeña P: episodio III 34

Posted on junio 26, 2009 by Jota

Si ya leyeron la primera parte de la historia de Pequeña P, y siguieron preocupándose por mi situación en la segunda parte, entonces, sí, ya están listos para la tercera…

Recordarán que acabábamos de cenar y que Pequeña P había recibido el llamado de Ale, su amiga, para ir a un bar. Recordarán, también, que me preguntó si yo quería ir.

Ya: me dijo que quería que yo fuera con ella. Y hacia allá fuimos.

Tomamos un taxi, llegamos a un bar en Barranco cuyo nombre no recuerdo, buscamos a su amiga y su chico y allá estaban, sentados uno al lado del otro en un silloncito de dos cuerpos, frente a una mesa ratona, con otro silloncito de dos cuerpos enfrente que, obviamente, ocupamos nosotros.

Y pedimos cerveza.

Y charlamos, y nos divertimos, y charlamos, y nos movimos, sentados, al ritmo de la música. Entre los cuatro, entre los dos.

Y bebimos cerveza.

Y me encontré frente a Pequeña P y su amplia sonrisa, y escuché de boca de Ale un comentario alentador (“la veo demasiado bien”), y nos miramos a los ojos, y reímos, y…

-Oye, Jota, creo que Ale se va a quedar mucho tiempo más…
-Bueno… Querés ir? Te acompaño hasta tu casa y después me voy al hotel.
-Eh… Bueno… Oye, Ale, nosotros nos vamos, ustedes se van a quedar mucho más…
-No! Una cerveza más y nos vamos! Una más! -respondió Ale.

Y volvimos a mirarnos, y…
-Bueno, tomemos otra.

Y hablamos. Y Pequeña P dijo:
-Reyes (un amigo en común) me dijo que soy histérica.
-Ja…
-Soy histérica?
-Y… un poquito…
-Pero es que yo no hice todo lo que hice porque soy histérica. Si te dije que no la otra vez es porque estaba con alguien, y si te dije que me trajeras vauquitas no fue por histeria, y si dije que sí de salir es porque ahora sí podía…
-Está bien.
-Pero en serio, no hice nada a propósito para hacerte daño.
-Está bien.
-No soy histérica.
-Bueno.

Y entonces tomamos rápido esa última cerveza compartida, y ellos, los otros dos, se demoraban.

Y entonces dije:
-Los esperamos afuera?
-Sí, vamos.

Y les avisamos, y huímos, y Ale se tomó su cerveza de un trago y salió atrás nuestro, sin chances del instante de intimidad.

Y nos subimos al auto del chico de Ale, Pequeña P y yo atrás, ellos adelante.

Y seguimos hablando, y nos acercamos, y de pronto me encontré fuera del auto, en una nube, volando, y me acerqué a su boca y…

-Oye, Jota, mira que no va a pasar nada.
-…
-Sólo amigos, sí?
-…
-Es que… No sé qué es lo que quiero, no lo tengo claro.
-…
-No quiero que alguno salga lastimado.
-…
-Además tú te vas a Buenos Aires, y no sé, no lo tengo claro. No quiero una relación.
-…

Y de pronto me acordé de una serie/novela infantil, y de esta canción:

Y llegamos a mi hotel. Y me bajé. Y me quedé recostado en la cama, sin entender muy bien, y sin saber si era por locura, por histeria o por ebriedad, y me quedé pensando…

En que tengo una nueva amiga…
(?)

Pequeña P: la leyenda continúa 26

Posted on junio 24, 2009 by Jota

Para los que no leyeron el comienzo de la historia, va un resumen:

o no, mejor lean el comienzo de la historia y vuelvan.

Listo?

Bien.

Ustedes recordarán que dije que iba a tirar la toalla. Pues no, no lo hice. Como también expliqué, las indirectas directas tienen que ser más que indirectas directas. Tienen que ser directamente NO. Si no, Jota no entiende. Entonces, en mi último día libre volví a apelar al siempre querido mensaje de texto que busca una respuesta clara y precisa: sí o no.

-Hola, mi nombre es vauquita y quiero que me lleves con vos. Jota dice que si cenás con él esta noche me deja quedarme con vos para siempre. Querés?

Un par de horas después, sinceramente, ya había perdido toda esperanza de recibir una respuesta. De hecho, me fui a almorzar con mi amigo Reyes, a comprar unos libros, a tomar un café al Starbucks del Ovalo Gutiérrez… En eso andábamos a las cinco de la tarde cuando sonó el teléfono. Era Pequeña P.

-Jota?
-Sí.
-Soy Pequeña P.
-Sí, cómo andás?
-Bien, y tú?
-Bien, acá ando, estoy tomando un café con un amigo.
-Ah… Me quieres llamar después?
-No, decime.
-Leí tu mensaje.
-Me imagino. Y?
-Mira… Todavía estoy en la chamba (trabajo) y después tengo clase, recién salgo a las 10…
-Como quieras, Pequeña. Yo con el horario no tengo problemas. Si querés que nos veamos, nos vemos. Si no querés, no nos vemos. Pero…
-No, no! Sí, quiero…
-Bueno… Entonces?
-Me llamás a las 7.30 y arreglamos?
-Te llamo.

Terminé de merendar con Reyes, caminamos hasta mi hotel, nos despedimos. A las 7.30, llamé a Pequeña P… y no me atendió.

A las 7.40, insistí:

-Hola, Jota.
-Hola, Pequeña… Dónde andás?
-Entrando a casa. Cómo quieres hacer? Adónde quieres ir?
-Vos sos local acá. Me decís adónde y voy, yo conozco mi hotel y dos restaurantes…
-Quieres pasarme a buscar por la universidad?
-Dale. Pasame la dirección, decime a qué hora y ahí estoy.

A las 10.15 pm la pasé a buscar. Estaba apoyada contra una pared y estaba… preciosa. Nos saludamos y empezamos a hablar con la incomodidad del caso. Caminamos unas cuadras hasta que decidimos tomar un taxi e ir a un restaurante a comer.

Vodka con naranja para ella, Cuba Libre para mí, la cosa pintaba obvia: íbamos a terminar borrachos. O al menos yo, que conozco mi poca capacidad alcohólica.

Cenamos, charlamos, nos divertimos, fumamos, tomamos, nos reímos, nos contamos partes de nuestras vidas (bueno, la mía tiene muchos más episodios… diferencia de edad, le dicen). Hasta que pasadas las 12…

Teléfono.
Atiende. Habla. Le escucho poco.

-Era Ale, una amiga, que está en un bar por Barranco y me dijo de ir para allá…
-…
-Quieres ir?

(continuará)

The HistEry Channel 26

Posted on junio 23, 2009 by Jota

No me corresponde a mí hablar de justicia o injusticia, aunque más adelante será necesario actualizar el tema, pero la pobre Pequeña P recibió muchas críticas a raíz de esta entrada.

Pero no les vengo a hablar esta vez de esas pequeñeces. Yo también me reconozco como un histérico, y en varios rubros. Porque los perdedores tenemos otros problemas además del de ser perdedor.

A modo de primera entrega, les cuento:

-No me gusta la mayonesa. Ni la salsa golf. Ni la mostaza. Ni la crema. Odio que les pongan mayonesa a los sanguchitos de miga o no de miga. Me cago de hambre en todos los cumpleaños y, cuando voy a McDonalds o a cualquier restorán, antes de pedir cualquier cosa pregunto: “No tiene mayonesa, no?”. O advierto: “Sin mayonesa!”.

-En mi casa tengo una mesa de madera, teñida/pintada/lustrada de negro, linda, modernosa, cool. Y cada vez que invito gente a comer estoy pendiente de que no apoyen los vasos, copas o botellas directamente sobre la mesa. “No, es que se raya”, justifico. “Destiñe el color”, digo.

-No hago colas. Si llego a un restorán y hay gente esperando afuera, me voy. No me gusta, me pongo nervioso. Odio los lugares llenos de gente.

-No llegues tarde a encontrarte conmigo: vas a padecer mi cara de culo durante horas. Y me voy a quedar resentido. Te aviso.

-No me gustan las comidas altamente condimentadas. No me lleves a un restorán mexicano. Ni a uno chino, ni vietnamita, ni afgano, ni judío, ni marroquí, ni-caragua.

-Suena irónico, pero no me gustan las gaseosas con mucho gas. Si me compro una coca o una sprite, bato la botellita antes de abrirla para sacarle el gas.

-La comida recalentada en el microondas es horrible. No tengo microondas. No quiero tener. No entiendo por qué la gente lo adora.

-Me pone histérico cuando me mandan mensajes de texto del tipo “hola, cómo andás”, o “qué hacés, amigo, tanto tiempo?”, o “qué se cuenta?”, o “pasame la receta de la paella a la valenciana”, o, como una chica con la que salí (por suerte) poco tiempo, simplemente “hola!”. El mensaje de texto es para confirmar, preguntar o avisar cosas simples: “Llego tarde, no me esperen”, “vas a lo de Pocho?”, “cómo te fue en el examen?”, “feliz cumple! después te llamo”. Listo.

Tal vez suene un poco jodido, pero aun así hay gente que me quiere.

PD: este detalle jodido se lo dedico a Meryl, la más jodida de todas

Aforismo (II) 13

Posted on junio 20, 2009 by Jota

“Si pereza es tener paja (o flojera), habrá que dejar de buscar la pereza en el ojo ajeno”



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