Posted on
septiembre 21, 2009 by
Jota
Tal fue el éxito del post en el que conté acerca de la invitación a una fiesta/reunión de solos (éste) que, a pesar de las muchas advertencias, tuve que ir…
Sí, fui.
Mi amigo Martín terminó por convencerme:
-Yo voy seguro… Qué puedo perder? -analizó.
-Lo que me queda de dignidad, Martín. Es un encuentro muy perdedor… Puede ser muy bizarro… Una piba está organizando juegos! Es lamentable…
-Yo me siento a un costado, me mamo enseguida y los miro. No pienso jugar a nada.
-…
-…
-Bueno… Vamos. De última me levanto y me voy.
Llegamos a eso de la 1. En la puerta, nos encontramos con mi amiga Aye y sus dos amigas. El grupete lo completaban el Anfitrión, La organizadora, un francés, una francesa, un alemán y dos chicos más.
Siete nenes; cinco nenas: la cosa ya empezaba mal.
Después de las presentaciones de rigor, de los saludos, del ‘tanto tiempo sin verte!’ que le obsequié al Anfitrión -compañero de estudios al que no veía desde hacía años-, La Organizadora nos dio la bienvenida:
-La idea no es venir acá a buscar pareja, ni hacer terapia de grupo, sino pasarla bien, compartir un buen momento y disfrutar de la soltería!
(iupi. En ese instante pensé en correr, en inventar enfermedades terminales o internarme en un neuropsiquiátrico, pero me dio verguenza)
Enseguida, La Organizadora habló sobre algunos juegos que íbamos a hacer para conocernos, primero, y después sobre el ‘castigo’ que recibirían los perdedores de esos juegos: tomar y tomar y tomar.
-Eh… No quiero ser mala onda, pero yo hoy no puedo alcohol. Estoy tomando un remedio… -dijo alguien.
Ese alguien, lógico, era yo.
-Eh… Bueno -reorganizó La Organizadora-, entonces vos tendrás prendas. Tendrás que confesar cosas…
-…
Reglas aceptadas por todos, el primer juego consistía en sacar un papelito para encontrar una pareja temporal (podían caer hétero u homo, azar puro), a la cual había que hacerle preguntas para conocerla y, después, presentarla al grupo. Los papelitos tenían nombres: Batman, Robin, Mickey, Minnie, Lennon, Yoko… Todos sacamos uno. Batman debía juntarse con Robin, Lennon con Yoko… Y así.
Increíblemente, cinco de las seis parejas coincidieron en que fueran mixtas: un nene, una nena.
La sexta? Jota y un tipo (lo único bueno es que yo fui Mickey y él, Minnie).
-Ya tenés tema para el blog -me advirtió Aye, descostillándose de la risa sobre un sillón, al grito de ‘no lo puedo creer, no lo puedo creer, justo a vos, Jota!’.
Justo a mí. Obvio.
Martín se moría. Los demás no entendían del todo. Y Minnie…
Minnie era el Chino, otro compañero de estudios de hace años. Nos pusimos al día brevemente, aunque al rato, al exponer sobre su vida, tuve que admitir que mi memoria estaba fallando: no me acordaba de nada.
El resto, queridos amigos y amigas, ni vale la pena contarlo de manera extensa: hubo momentos patéticos, como siempre, otros divertidos, algunas chicas que me cagaron a pedos (nunca faltan) y una realidad que encontró a todos borrachos divirtiéndose y a mí, sobrio como un vaso de agua, con mi Coca Cola y mi Agua Tónica como compañeras inseparables.
Jugamos al chinchón y al asesino. Y a mí me tocó ser el asesino, con la desgracia de que cada vez que mataba a alguien, de tan borracho que estaba no se daba cuenta (y entonces el juego perdía sentido porque el asesino no lograba su cometido).
Desde ya, tuve que confesar algunas trapisondas, hechos vergonzosos, derrotas íntimas…
A las cinco y media de la mañana, ya sin europeos, sin juegos, sin alcohol y con un par de tortas ricas sobre la mesa, la ronda derivó en mate.
El encuentro de solos y solas terminó un rato más tarde. Cómo terminó?
Con Jota durmiendo en su cama.
Solo…