Nada que festejar 22
-Vas a la fiesta? -me preguntó ella- Yo hago lo que vos hagas.
-…
Su afirmación me sorprendió, y me dejó una duda ASÍ de grande sobre las intenciones de la chica. La charla siguió, con frases del tipo “si vos vas, yo voy”, “si querés nos juntamos antes y tomamos algo” o “a qué hora salís del trabajo? si tenés ganas, vamos a comer”.
Al comentarle estas cuestiones a mi amiga Tai, ella me respondió un tanto enloquecida:
-OBVIO que quiere algo con vos!
-Ah…
Pero a mí las cosas no me cierran demasiado. La chica es un tanto extraña, abre puertas pero apenas, no devuelve un centro, es inmune a las indirectas y… un día habló algo acerca de la amistad entre hombre-mujer que me dejó perplejo.
Ayer, anoche, tenía dos fiestas. Ella estaba invitada a una. A la otra, claro, la invité yo…
-Jota! Voy con vos a la primera fiesta, te parece? Si podés pasarme a buscar, avisame a qué hora -decía su mensaje de texto.
A las 23.45 toqué el timbre de su departamento. No estaba, me atendió la hermana: “Ella está llegando, esperala abajo que en un minuto está”.
La esperé abajo.
Llegó, me dijo:
-Vení, subamos que me tengo que cambiar. Querés que tomemos una cervecita antes de ir?
-Y dale…
Abrió una cerveza, se fue al cuarto, volvió al rato.
Tomamos la cerveza, charlamos de la vida, del mundo, de política, de libros, de trabajo, de Perón y Evita… Nos fuimos.
El colectivo estaba lleno. Era agobiante el calor de anoche. Nos bajamos. Nos encontramos con Mariano. Entramos. La fiesta era un espanto, había treinta personas desperdigadas por una enormidad de lugar. El calor, además, era sofocante. Compré una cerveza; la compartimos. Charlamos. Nos sentamos. Algunos de los que festejaban -era la fiesta de egresados de un terciario- ya me miraban con cara picarona:
-Y Ella? Está con Mariano?
-No…
-…
-Mariano está casado, boludo.
-Vino con vos?
-Sí.
-Buena!!
-No, no pasa nada.
-…
-En serio. No pasa nada.
Tomamos otra cerveza, nos quedamos un par de horas, nos fuimos a otra fiesta. La otra fiesta, bolichito de Palermo Hollywood, era un rejunte de balas, gomas y chicas con voz nasal, más patovicas poco atentos, nabos por doquier y cerveza Corona, chica, a 20 pesos… Las chicas que nos habían invitado brillaban por su ausencia.
Nos acomodamos en una especie de VIP que tenía, al menos, unos silloncitos y aire fresco. Y no había nadie. Mariano se fue a comprar una cerveza. Ella y yo nos quedamos charlando. Cerca. Muy cerca. Cuando me hablaba, cada tanto me tocaba el brazo, me ponía la mano en el hombro. Cerca. Muy cerca.
-Jotaaaaaaa!!!!!
Llegaron los muchachos… Salimos del VIP, fuimos a saludar. Cuatro ebrios, Mariano que había vuelto, Ella y yo.
Me moría de calor.
Apareció una de las chicas que nos habían invitado:
-Ey, Jotaaaaa!!! Me contaron que fuiste con alguien a la otra fiesta…
-Sí, ahí está. Fui con Ella y Mariano.
-Dale…
-En serio.
-Dale…
-En serio, boluda
-Dale…
-Estás borracha.
-Sí, pero daleee…
-No pasó nada.
Y no había pasado nada.
Acompañé a Ella a comprar una cerveza. Volvimos con la muchedumbre. Nos fuimos, todos, a la terraza.
Llegamos a la terraza del lugar. Ahí la cosa se enfrió; literalmente. Nos encontramos con más gente, más conocidos, amigas mías, amigas de ella.
Cero bola, o poca bola. Ya ni me miraba. Había mucha gente. Me quería sentar. Me estaba hartando. Y estaba mareado.
Definitivamente: no nací para levantarme a alguien en un boliche…
Era temprano: 3.30.
-Che, me voy -dijo Mariano.
-Me voy con vos -le dije.
-Te vas? Qué poco aguante! -me tiró ella.
-Quedate, boludo, si querés -aconsejó Mariano.
-No seas amargo, Jota! -acotó otra.
-No, no, me voy con vos -decidí.
Saludé a todos.
Me fui.
.
Un boludo, no?
Como dice el título del post, mi sábado tuvo ese toque de… jotería que hace de mi vida algo, a esta altura, irremontable.
