Jota Fest 19
Era el evento del año. Sin dudas, el más esperado. Más de doscientos invitados, un amplio lugar en Palermo Hollywood, una reserva en efectivo.
Mi propia personal fest.
Cumplí años. Y decidí festejarlo a lo grande. Y a lo Jota.
No fueron los doscientos invitados, pero sí unos treinta, algunos de los cuales cayeron con amigos o amigas, así que la cifra rondó los cuarenta. El bar, desde ya, no era para mí solo. “Puede haber otros cumpleaños, otras reservas”, me había aclarado Juan Manuel, gerente del lugar, después de cobrarme una seña por un mínimo de treinta invitados y de alegrarme el día al informarme que me iban a devolver la mitad en consumiciones.
Todo listo.
Ayer llegamos al lugar con Martín y Andrés, alrededor de la 1.30. Ya había bastante gente: unos cien coreanos que celebraban unos cuantos cumpleaños. Alguien osó improvisar al decir que estaban conmemorando el Día de los Muertos, un festejo japonés que se desarrolla en… agosto. No: eran coreanos. “Bueno, vos también sos amarillo”, dijo un amigo de Jota. Otra pavada.
Los amigos coreanos eran sensacionales: buena onda, tomaban mucho, tenían hielos de colores (posta, hielitos de plástico con lucesitas de colores; con uno de esos levantaría a lo loco) y minas preciosas. Habían copado el lugar. Como pudimos, nos acomodamos.
Jota -sí, soy yo, pero cada tanto me gusta hablar en tercera persona, como Maradona- había juntado a unos cuantos: Martín B, Andrés, Martín M, Eze, Martín E, Tele, Julieta, Gaspar y amigos, Juliana, Mica, Jonathan, Nico, Martín RD, Iván, Belén, Nancy, Claudia, Valeria y amigas, Fede, Demian, Camil, Gaby, Maxi, Gus, el Indi, Ari, el Chino, Vivian y amigas, Daniela, Laura y algún otro u otra que se le perdió entre cerveza y cerveza.
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(acá podría dar la lista de amigos que confirmaron su presencia y no estuvieron, algunos de los cuales se excusaron infantilmente, dejando una herida abierta y un corazón con agujeritos; pero vamos a permitirles el anonimato porque leen este blog. Que los carcoma, en todo caso, la propia culpa)
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Tomamos, claro, tomamos mucho. Cerveza, sobre todo, pero también fernet, gancia, champagne, speed y tragos varios.
Bailamos, en mi caso poco, en otros casos mucho: rock yankee de los 80, reggaeton -puaj-, pachanga, cumbia y hasta el temón de Cacho Castaña, El Matador.
Y seguimos tomando.
A las 4.30, insólitamente, cambiaron la música y pusieron lentos.
(?)
Sí, lentos. Hicimos un par de chistes, pero de pronto prendieron las luces. Pasó una de las camareras, con cara de susto:
-Chicos, por favor apaguen los cigarrillos porque en la puerta hay unos inspectores del Gobierno de la Ciudad.
-…
-En serio, es un rato, después los prenden.
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Todos apagaron sus cigarrillos. Todos.
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Los lentos siguieron copando el escenario. Algunos, derrotados, nos sentamos. Pasó, al rato, la camarera:
-Esto murió, no? -le pregunté.
-No, es un rato, pasa que están los inspectores y este lugar está habilitado como bar, no se puede bailar.
-Cómo?
-…
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Y siguieron los lentos.
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Vimos pasar a dos hombres mayores con carteras colgadas de sus brazos: eran los inspectores. Y tenían cara de pocos amigos.
Juan Manuel, el que me había reservado el espacio, cobrado la seña y jamás pagado las consumiciones, pero a cambio les había cobrado a varios de mis amigos con la excusa de que “Jota ya pasó el límite de invitados gratis”… Les decía… Juan Manuel no podía ocultar la cara de preocupación.
Los amigos orientales empezaron a irse. Algunos amigos de Jota, también. A las cinco, fue el turno de Jota:
-Me voy, muchachos. Esto es increíble. Sólo a mí me puede pasar que vienen a inspeccionar el día de mi cumpleaños. Falta que clausuren el lugar, con faja y todo, y yo esté acá.
-No te podés ir -saltó Belén-. Es tu cumpleaños!
-Yo me voy…
-No, no te podés ir -intercedió Nancy-.
-Ustedes la están pasando bien?
-Sí.
-Bueno, sigan pasándola bien…
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Y me fui.
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Y acá estoy, 5.55AM del domingo 31, escribiendo esto, todavía incrédulo. No quiero ni preguntar, pero seguramente ese lugar, desde mañana, tenga la faja de clausura en la puerta.
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Agregado:
-Al rato -me cuenta ahora Ariel- nos echaron. Empezaron a limpiar el piso, acomodar las mesas… Y cuando estábamos saliendo, cerraron las persianas y había gente adentro.
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Eso es típico de un cumple de Jota…









El próximo jueves 28 cumplo años. Sí, otra vez. Muchos? Pocos? Cuántos? Es un detalle, una nimiedad, un dato sumamente innecesario.

