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febrero 23, 2010 by
Jota
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Mi fantástico viaje vacacional por Colombia dejó unas cuantas derrotas sentimentales, pero también alguna -creo yo- puerta abierta. Como conté en este post, conocimos unas chicas, una de las cuales me quitó el sueño durante unos días.
Y más que unos días.
Al volver a Buenos Aires, me puse como objetivo rastrearla, encontrarla. Con apenas su nombre de pila y su lugar de trabajo como referencia, comencé la cruzada. Hurgué en los archivos más secretos y profundos de nuestra administración pública y privada, toqué fuentes de alto nivel, contraté detectives y mafiosos, recé padres nuestros y ajenos, tuve días de resignación, de tirar la toalla, pero finalmente…
La encontré!
La encontré!
Pelo castaño oscuro, bajita, bonita, con unos ojos increíbles, hermosos… éstos:

Jota busca estos lindos ojitos
Era ella. Era ella, nomás. Me di cuenta de que cuando quiero, hasta puedo ser buen periodista de investigación!!
Pero en fin.
Después de aquella cena frustrada en Santa Marta, ahora -con la intención de ser simpático- le mandé un correo electrónico en el que le preguntaba cómo andaba, le contaba algunas cosas y le decía que me habían quedado dos cuestiones por decirle:
“Primero: pensé que me iba a costar más encontrarte en esta búsqueda del tesoro que me autoimpuse jugar.
Segundo: qué hago con todo el arroz y los brotes de soja que compré para cocinarles el chop suey en su depto de Santa Marta? No sabés el quilombo que me hicieron en Ezeiza, no me los querían dejar entrar…
De cualquier manera, la invitación a cenar sigue en pie en Buenos Aires…”.
De más está decir que todavía no me contestó.
Ustedes creen que lo hará??
Por las dudas, si alguno o alguna de ustedes conoce esos ojos que anduvieron por Santa Marta, hablen bien de mí…