No se preocupen, amigos, estoy vivo, estoy bien.
Dejé el amarillo de mi piel, pasé por el anaranjado (colorado+amarillo=naranja) y ahora estoy marrón.
Como les deslicé en la entrada anterior, Mayra nos prometió dos horas de viaje en van para llegar a Santa Marta. El viaje empezó genial: la van era cómoda, tenía aire acondicionado y de ocho pasajeros, cinco eran chicas. Sin embargo, los problemas empezaron pronto:
- Dos de las chicas parecían mudas, no hablaban.
- Otra dormía adelante de todo, y le apoyaba la cabeza al chofer.
- Otra pidió parar cuatro veces para vomitar, hablaba hasta por los codos y se peleaba telefónicamente cada cinco minutos con José Luis, al parecer su novio, a quien no le habría atendido el teléfono (debido a los vómitos, creemos que José Luis, además, va a ser papá y no lo sabe).
- La última, que se sentó junto a Marcelo, enseguida hizo la llamada que nos heló: “Hola mi amor, ya estoy yendo para allí…”
En fin. Charlamos, dormitamos, y 2.45 horas después habíamos llegado… A Barranquilla, en donde debíamos hacer un trasbordo a otra van. El chofer de la primera van, una vez que dejó a todos los otros pasajeros en su casa, comenzó a hablar por teléfono.
-Seguro que la otra van no está y no tenemos cómo ir -le susurré a Marcelo, que rió.
A la media hora, después de que el chofer no nos hablara, Marce le preguntó qué pasaba:
-Estoy buscando quién los lleve, pero no encuentro.
Resumiendo: tardamos siete horas en llegar a Santa Marta. La segunda van nos dejó en la playa, “a cargo” de un morocho que encontró apenas frenó y a quien le dijo:
-Acompáñalos, búscales un buen lugar.
Era de noche. Arrastrábamos la valija por la calle buscando un hotel y, los que veíamos, eran caros. Terminamos negociando en uno por una sola noche. El hotel era nuevo. Y lindo.
A los dos días nos tuvimos que cambiar de habitación porque al abrir la canilla del baño salía agua por la rejilla y se inundaba el cuarto.
En la segunda habitación, el agua salía sin presión. Igual, nos quedamos (y aquí estamos, después de renegociar el precio).
Pero lo mejor pasó en la playa. Después de dos días de preocupante soledad, encontramos dos chicas lindas y enseguida nos sentamos cerca. Miramos un poco, ellas miraron un poco. Reíamos, ellas reían.
Fui a comprar un jugo y al volver las vi levantarse, pero habían dejado sus cosas.
-Me pidieron que les mirara los bolsos -me explicó Marcelo.
.
Genial. Primer paso dado.
.
Al volver, empezamos a hablar. Les pregunté qué hacían, cuándo habían llegado, de dónde eran, cómo se llamaban.
Sofía y Daniela son argentinas, de Buenos Aires, ya habían pasado en Cartagena y se quedan en Colombia hasta el mismo día que nosotros, aunque su viaje tiene menos escalas.
Sofía es rubia, algo pulposa, bonita.
Daniela es morocha y de unos ojos increíblemente claros. Divina.
Pero hablaban poco, apenas respondían las preguntas, consultaban poco. Eso sí: reían con nuestros chistes.
Al mediodía, se levantaron, acomodaron las cosas, miraron, se acercaron:
-Nos vamos -dijeron.
-Ya? -me quejé.
-Sí, vamos al super para comprar comida, estamos en un apartamento.
-Ah… Y qué nos van a cocinar?
(rieron)
-No, hoy viene tranquilo, vamos a hacer una ensaladita…
-Claro… Bueno, pero a la noche sí… O mejor, a la noche les cocino yo.
Ellas se miraron, rieron otra vez, preguntaron qué podía cocinar. Dije que cualquier cosa, que lo que quisieran, propusieron un arroz oriental, con brotes de soja y verdurita. Les dije que sí, que lo que quisieran, que a la tarde arreglábamos bien, que íbamos a estar por ahí.
Se miraron, rieron, dijeron que bueno, que después nos veíamos.
Volvimos, después de almorzar, al mismo lugar.
Y no llegaban.
Y no llegaban.
Y al llegar, dos horas después, no estaban solas: un muchacho las acompañaba.
Jugaron a los dados, se rieron, no saludaron, ni miraron. Se hacían mimos con Sofía. Esa noche los encontramos en el supermercado. Tampoco saludaron. Marce escuchó que el flaco les decía qué tenían que poner en el changuito para hacer los “tacos mexicanos”.
Estaba todo cocinado: el que iba a cocinar era el otro…
.
Por unos días no las vimos. En cambio, vimos a un grupo de cuatro argentinas que se iban ese mismo día, a tres chilenas hermosas que se estaban volviendo a su país y, finalmente, a Katu y Cata, dos preciosas colombianas.
Pero ésa es otra -otra vez la próxima- historia…



que grande el JOTA siempre manteniendo el nivel de perdedorez que lo caracteriza.
SIga así mi amigo!
Nos vemos a su regreso!
Ellas selo perdieron JOta, no te amargues. Pasame el protector solar plis. Saludos JOta.
Se ve que el recetario del otro era algo más generoso que el tuyo, Jotín…
No importa, ELLAS se lo pierden!
Pasame el arrocito…
Lo unico q dire, será:
PONETE-LAS-PILAS!
Esas dos de la foto están bastante mal, incluso podrían ser hombres, sobre todo la más petisa.
Como siempre, tenes q mirar lo positivo…te evitaste cocinar arroz salteado para que después ella igual terminen con otro.
Segui pasandola lindo!
U.U Que bajón Jota :/
Ya quiero la próxima historia
Dios, siempre algo malo te pasa, pareces el flaco de la propaganda que es yeta ¬¬
Besi enorme ^^
buenas minas…
lindas chicas Jota, arremeta!
segundo, no sabe que el colorado no es un color, diga rojo por favor!!!