Sale el sol (y aún sigo soñando) 23
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Tengo una maldita costumbre: no atiendo los llamados de números que no conozco. Cuando suena el celular, me fijo quién llama: si el número es desconocido o el ID bloqueado, chaugracias.
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El jueves estaba en el trabajo cuando me sonó el pajarito (es que mi ringtone es un silbido de canario): 115308….
No atendí.
Media hora después, volvió a sonar.
No atendí.
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A las dos horas, volvió a sonar y me dije: si tanto me quiere hablar, que deje un mensaje.
No atendí. Y dejó mensaje:
“Jotaaaaaaa! Soy Ojitos, quería pedirte disculpas, anduve sin celu y con mil problemas, después te cuento. Llamame cuando quieras! 15308…”.
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Me quise cortar los huevos con una cuchara sopera, pero me pareció que los iba a necesitar en algún momento. Así que la llamé.
No me dejó antes de empezar algo, ni me estaba histeriqueando, ni le había caído mal, ni le molestaban mi poco pelo, mi gran nariz, mi prominente panza, mi barba desprolija ni nada de todo lo que pensé.
-Llegué con papá a casa después de salir con vos y estaba todo inundado -me dijo-, mi mamá arriba de un mueble porque el agua llegaba hasta la cintura… Se arruinó todo: los muebles, las teles, la compu, la ropa estaba toda mojada… Nos fuimos a dormir a lo de mi abuela y al día siguiente, cuando iba en tren al trabajo, me robaron la cartera con el celular, los documentos… Así que no fui a trabajar, hice la denuncia, volví a casa para ayudar a arreglar las cosas. No fui al trabajo en toda la semana.
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Me dio pena. Me sentí un poco tonto por haber pensado en todos los males del mundo. Más cuando después de mi silencio, dijo:
-Pero bueno… estamos todos bien. Y vos? Todavía querés ir a tomar algo conmigo o después de esto pensás que soy una perdedora y no te querés contagiar?
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No le dije la verdad: que ya pienso que es mi media naranja, o limón, que después de esa tormenta creo que el sol está saliendo. Le dije, apenas, que sí, que quiero. Y esta semana salimos de nuevo…





