
Así estaba el bar: vacío en mi despedida.
Desde que me fui de mi viejo trabajo, vi algunas veces a algunos de mis ahora ex compañeros. Un mediodía, por ejemplo, me encontré a almorzar con la blonda Anita.
-El miércoles cenamos con Mariana y Alfredo, no? -me consultó
-Sí, venís?
-Sí!! No querés que les digamos a otros, y hacemos una especie de despedida?
-Dale.
-A quién le digo?
-A los que vos quieras. Arréglenlo ustedes.
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Así quedamos. Así pasó el tiempo. Era jueves. El martes, decidí chequear el correo no deseado, o spam, de mi casilla. Ahí encontré varios mails cuyo asunto era: Despedida de Jota!!
Caramba.
Leí los mails detenidamente y, en efecto, me habían organizado una despedida para el miércoles, que fue ayer, en un bar por Palermo que se llama Mundo Bizarro. Vaya suerte: mi nuevo trabajo queda bastante cerca de ese bar. Sólo tenía que caminar unas cuadras una vez terminada mi jornada.
Claro que mi jornada, ayer, terminó a las seis de la tarde y no me iba a quedar haciendo tiempo cuatro horas…
Me fui a casa a practicar el alpedismo, miré un rato la tele, pensé en la crisis del petróleo y en la desnutrición de las ranas de la mesopotamia, y a las 9.30 partí. Antes había mandado un par de mensajes de texto para confirmar la hora, sin ninguna respuesta.
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Diez de la noche. Llegué a Mundo Bizarro, entré al bar: una pareja en la barra, nadie sentado en los sillones, una camarera con deliciosas piernas y un barman aburrido que vino a mi encuentro.
-Disculpá -dije-. Esto es todo lo que hay, o tienen otro salón, una terraza, algo?
-Es todo lo que hay.
-Ah… bueno, gracias, espero afuera.
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Prendí un pucho, llamé por teléfono a Anita, atendió.
-No hay nada más Jota que llegar a tu despedida y que no haya nadie. El bar está desierto.
-No seas boludo! Ya llegamos, tontis, estamos a cinco cuadras.
-OK.
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Cinco minutos después, llegaron: Anita, Marianita, Amílcar.
A media cuadra, Mariana se reía sola, me miraba y se reía, yo apoyado contra el marco de la puerta de entrada al bar. Ella sacó la cámara de fotos, apuntó, siguió riendo, guardó la cámara.
-Es genial esa imagen! -dijo- Vos parado solo abajo del cartel de Mundo Bizarro es increíble…
..
Entramos.
Nos sentamos en una mesa para cuatro.
-Vos querías algo íntimo? -chicaneó Mariana.
-…
-No?
-Qué, son los únicos que vienen?
-Tal vez cae alguno más.
La despedida era casi una cena romántica. Los cuatro perdedores, ya algo viejos para la poca luz del lugar, alumbrábamos con los celulares las cartas para ver qué pedíamos. Pedimos. Vuelve la camarera, le dice a Anita que lo que ella había pedido no lo tenían más. No quedaba. Pidió otra cosa.
Al rato, llega Franco.
-Pelotudo, contestá alguno de los mensajes, te creés la estrella porque te fuiste del diario?
-No me llegó ningún mensaje!
-Tres te mandé!
-No me llegó ninguno…
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Comencé a sospechar.
-Vos me respondiste el mensaje que te mandé, Ana?
-Sí.
-Ah… tampoco me llegó.
-Llamá al *611 que te lo solucionan.
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Mierda.
Llamé en ese momento. La señorita 611 me hizo salir a la calle porque con tanto ruido no me escuchaba (ruido?? Éramos seis personas en el bar!).
-Mire señor Jota, tiene que borrar todos los mensajes de texto que tenga guardados en la carpeta enviados y recibidos, apagar el teléfono, prenderlo, mandarse un mensaje y si no le llega me vuelve a llamar.
-Cómo?
-Tiene que borrar todos los mensajes de texto que tenga guardados en la carpeta enviados y recibidos, apagar el teléfono, prenderlo, mandarse un mensaje y si no le llega me vuelve a llamar.
-Ah.
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Lo hice. Y empezaron a llegar: tres mensajes de Franco, uno de Ale -nuevo compañero de trabajo, me lo había mandado seis horas antes-, uno de Anita, uno de Marina avisando que no venía, uno de Jorge -que ya se había sumado a la mesa- preguntando a qué hora íbamos, uno de Juli y otro de V, mi ex, confirmando un encuentro (ah, no les conté?).
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Definitivamente, estuve un día sin mensajes de texto.
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Llegaron, después, Fede, Marce y Gus. Al rato, dos más: a los cinco minutos, estos dos estaban en la barra charlando con unas colombianas…
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Jorge pidió la palabra.
-No quiero que te sientas mal, pero pensé que iba a venir más gente -dijo.
-Yo también -respondí.
-Y que ibas a decir unas palabras, algo…
-…
-Pero bueno. Aprovecho para contarles algo…
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Y se puso a hablar de su situación laboral, de algunas complicaciones, de un futuro incierto, del malestar. La noche, finalmente, giró en torno a Jorge. Parecía su despedida.
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La gente se fue yendo del bar. Quedamos unos pocos. Me fui con Fede.
-Bancame que tengo que ir a cargar nafta.
-Dale.
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Una YPF, sin súper. Otra YPF, sin súper. Una Shell, sin súper.
-Bueno, te dejo en tu casa. Listo…
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“Espero que llegues a la tuya”, dije antes de despedirme.