Derrotas, caídas, papelones y (des)encuentros…

MdP! Manual de Perdedores


Archive for the ‘anécdotas’


Almuer$o 28

Posted on febrero 10, 2009 by Jota

Después de una semana de convalecencia por un problemita físico, volví a trabajar. Pero llegué temprano, directamente desde el consultorio del médico -quien me dio el alta, amigos, no se preocupen que estoy bien… o como siempre-.

Mi problema de mediodía era qué cornos comer. Llamé, entonces, al Restó del Día, el lugar alimenticio más top de la espantosa zona que no es tan triste como Constitución ni tan linda como la parte linda de Barracas, que es donde trabajo.

Llamé para preguntar por los platos del día.
-Tenés escalopes de pollo con salsa de hongos, ensalada verde con trozos de pescado de no sé dónde, sorrentinos a la…
-Dejá, no sigas porque sé que no me va a gustar nada. Te pido algo clásico, más liviano, tenés…?
-Tarta no querés?
-Apa, puede ser. De qué hay?
-Zapallitos o calabaza y verdura.
-Calabaza y verdura. Es muy chica la porción?
-Vienen dos triangulitos por porción, es abundante.
-Listo!

Le paso la dirección, llega, me avisan, bajo a buscar la comida a la puerta de la empresa.

Dos triangulitos de tarta de calabaza: cuánto creen que me pudieron costar?
(me da un poco de verguenza admitir cuánto pagué, así que dejo que ustedes opinen antes de contar la verdad…)

Jueves de miércoles 19

Posted on enero 26, 2009 by Jota

De vacaciones en Buenos Aires, necesitaba un poco de aire. Un poco, al menos. Y el amigo y colega (?) Diego de la Fuente tuvo el bondadoso gesto de invitarme a su casa. O a la que está ocupando ahora, al menos, de prestado.

Me fui, entonces, con la intención de pasar un día y poco más extraordinario. Y en un principio no pude quejarme.

Sol radiante, pileta, sol, pileta, libro, sol, pileta, sol, libro, sol, pileta, pileta (el orden de los factores no altera el producto).

Se hizo la noche y DDLF había comprado pescado y otras hierbas para cenar. Nos pusimos a cocinar -queda lindo así, pero en realidad cocinó él y yo sólo corté algunas verduritas- mientras charlábamos. De golpe…

-No te puedo creer.
-No es normal?
-No.
-Me jodés.
-No, Jota. Sos increíble. Nunca se cortó la luz desde que estoy en esta casa…

Sí, con dos hornallas prendidas y sin luz.

-Apago el fuego?
-No, qué se yo… sigamos.

Y seguimos.

Al rato volvió la luz, mientras DDLF seguía:

-Sos tremendo, Jotín… No pasó nunca.

Cenamos afuera, al ritmo de las picaduras de mosquitos. Entramos luego.

-Bancá que chequeo los mails -dice.
-…
-…
-…
-No te puedo creer…
-Ahora qué?
-Se cortó internet… No pasó nunca. Jota, no pasó nunca!
-…
-Bueno… Estoy listo para ver V un rato y me voy a dormir.
-Genial.

“V” es V Invasión Extraterrestre, la vieja serie futurista (?) que llevé en dos dvd para la ocasión.

Comidos, tomados y fumados, subimos a apoltronarnos al sillón a ver V.

-No te puedo creer, Jotín…
-Qué pasa ahora?
-Está desenchufado el dvd, no está el cable… No, no puede ser.
-…
-Basta, me voy a dormir. No tenés mala suerte, sos mufa, Jotín.
-Bueno…

Se fue a dormir, me fui a dormir. Me desperté a las 8 porque un jardinero cortaba el pasto de la casa de al lado.

Al rato tenía que volverme. DDLF me llevó hasta la parada del 57, que pasa cada 20 minutos, media hora.

-No te puedo creer! -dijo mientras llegábamos a la parada.
-Y ahora qué!!??
-Ese 57 era el que te tenías que tomar…
-La puta madre.

Esperé durante media hora a que llegar el otro. Me gasté siete pesos en monedas para pagar. Cuando me bajé, no tenía monedas para el bondi rutinario. Compré un jugo, me lo cobraron más barato para no darme monedas. Fui al banco, no me quisieron cambiar. Fui a otro, me cambiaron.

Llegué a casa, el sábado fui a la quinta de mi tío.

Llegué, me puse la malla y…

-La pileta no está para meterse, eh -me avisó mi tío.

Llena de mugre, con un murciélago flotando en la superficie y un olor a Riachuelo increíble, me quedé tranquilo en la sombra, esperando con ansias volver a trabajar…

Ah, y hace un rato hablé con DDLF: no sólo no encuentra el cable del dvd, sino que ya no tiene señal: ni siquiera puede ver la tele.
-No pasó nunca! -me dijo.

Pero yo eso ya lo sabía…

Clío 29

Posted on enero 19, 2009 by Jota

(Había una vez una gata – Luis Pescetti)

En mi cuarto de mi viejo departamento familiar había un placard enorme. Eran cuatro puertas dentro de las cuales se guardaba todo, pero todo lo que teníamos mi hermano y yo. Por si fuera poco, encima de esas cuatro puertas había cuatro puertitas más, bien en lo alto, en las que se podía acumular otras cosas.

Ahí caían, generalmente, las cosas que nosotros usábamos para irnos de campamento: bolsas de dormir, aislantes, cantimploras, cacharros, platos de madera…

Una tarde me subí a una escalera y empecé a hurgar en lo alto. Buscaba algo, no recuerdo qué. En el piso, sobre el parqué, Clío -la gata siamesa que mi hermano había llevado a casa sin consultar y que terminó enamorando a todos- maullaba y miraba atentamente.

Yo buscaba.

Ella maullaba.

Yo buscaba.

Ella…

Dio un salto y se agarró de mi espalda en lo alto, ahí, donde uno está indefenso paradito en un escalón. Sí, la muy turra me clavó las uñas de las cuatro patas en la espalda para mantenerse ahí arriba. Yo gritaba, gritaba, gritaba, intentaba llevar las manos hacia atrás para agarrar a la muy hija de puta.

Terminé agachándome -todo arriba de la escalera-, poniendo mi espalda en posición horizontal, para que Clío se relajara.

Lagrimeando, bajé las escaleras, le grité como si ella fuera a entender algo y me saqué la remera.

Cuatro manchones de sangre en cuatro puntos diferentes quedaron ahí para siempre. Y yo nunca más me subí a ningún lado con la gata expectante.

Ateneo 24

Posted on enero 15, 2009 by Jota

Para los que leen este blog hace tiempo, saben que hay un problema constante en mi vida de los últimos años: urticaria.

El tema fue tratado en Cajón de recuerdos, en Adiós y en No hay remedio (para aquéllos que quieran ponerse al día), pero ahora tengo un nuevo capítulo.

Como ya todos saben, la homeopatía me abrió las puertas de su corazón y yo me metí rápido, intentando que los globulitos -que algunos dicen no es más que placebo- me solucionen el problema que aparenta ser más mental que físico (un psiquiatra a la derecha!).

Luego de probar varias fórmulas homeopáticas, la semana pasada fui a ver otra vez al doc, que curó de varias alergias a amigos míos, quien me recibió con la clásica pregunta de estos tiempos:
-Y? Cómo anduvo esa urticaria rebelde?
-Más o menos… El primer mes mal, empeoré; el segundo mejoré mucho; el tercero, que se está cumpliendo, me vine a pique. Estoy mal otra vez.
-Tomaste el remedio?
-Sí, al pie de la letra.
-Está difícil, che… Difícil…

Y empezó a hacerme preguntas, las de siempre. Si duermo bien, si sudo mucho, si estoy nervioso, si me altero con facilidad, si me duele algo, si lloro, si río, sisí, sasha y toda la bola. Abrió su libro de recetas homeopáticas con la lista de todos los remedios, miró, hojeó y ojeó, y…
-Mirá, te voy a hacer otra receta con otro remedio. Tomá cinco globulitos dos veces por día, a la mañana y a la noche. Esto es así, hay que ir probando… Es raro tu caso, difícil. Por eso te propongo también otra cosa, si es que estás dispuesto…
-(?)
-Cada tres meses, todo el grupo de homeópatas hace un ateneo. Nos juntamos y debatimos sobre lo que pasó en este tiempo, nos sacamos dudas, compartimos problemas. Y a veces presentamos un caso difícil, para que lo analicemos entre todos. Un caso rebelde.
-(?)
-Te interesaría ser vos?

Rápidamente me imaginé observado por un auditorio con 150 personas. Jota en pelotas, mostrando su urticaria, la gente haciendo ‘ajam, ajam’. Yo rojo de verguenza.

-Pero de cuánta gente estamos hablando? -consulté.
-Seremos 15… No muchos más. No te imagines un teatro lleno de gente.
-Ah…
-Es como hiciste hasta ahora, pero habrá otros médicos que te van a hacer preguntas, yo no. No voy a participar de las preguntas.
-Ajá.
-Te interesa?
-Y… y dale. Con tal de curarme de esto voy a ver al Papa.
-Igual, ojalá que te funcione el nuevo medicamento y no tengas que venir, claro.
-Ojalá…

Le di mis teléfonos para que su secretaria me llame cuando se confirme la fecha. Y mientras, así estoy, tomando ahora Mercurius Solubilis 6 CH, rascándome por las noches, durmiendo poco.
Esperando por convertirme en conejillo de Indias…

Qué tarde, Teté! 16

Posted on enero 13, 2009 by Jota

Me llamó mi amigo Blu y me invitó a su casa, ya que se iba a quedar solo con Santi, de cuatro años.
-Te venís tipo cinco, a merendar?
-Obvio. Llevo algo para comer -ofrecí.

Salí de casa a las 16.20, consciente de que el colectivo iba a tardar y que el Carrefour que queda a dos cuadras de la casa de Blu iba a estar repleto. Al minuto llegó el colectivo. A los diez minutos me bajé. En Carrefour no había nadie. Pero como imaginaba que los niños -y sus padres- duermen la siesta, intenté demorar mi recorrida por el súper (o híper?).

Compré, finalmente, una bandejita con medialunas de manteca y un jugo de naranja premium, que no es más que uno concentrado con gajitos, para disimular la horripilancia.

Cinco en punto toqué el timbre.
-Puntual, eh? -me dijo Blu.
Santi estaba empapado de la pelopincho. Me invitó a nadar.
-No traje malla, Santi.
-Por qué?
-Porque no… No quiero ir a la pileta.
-Por qué?
-Porque no…
-No te gusta el agua?
-Sí me gusta.
-Y por qué no trajiste malla?

Rápidamente cambiamos de tema para evitar el cuento de la buena pipa. Blu hizo mate, nos sentamos a tomar mate y comer medialunas mientras Santi miraba Disney Chanel.
Las medialunas eran de las más feas que probé en mi vida, aunque me comí ocho. Eso se llama gula. O atracón.

-Me aburro, quiero jugar a algo! -protestó Santi.
Blu buscó el Juego de la Oca y arrancamos, sentados en el piso. Tuve que acomodarme varias veces a la incomodidad del suelo (o de mi cuerpo).

Empecé bien, arriba, rompiéndoles el culo a mi amigo y su hijo. Sin contemplaciones, iba en busca de mi victoria, la primera del año… Pero un maldito casillero me hizo retroceder quince.
Santi, de cuatro años, terminó ganándonos por afano a los dos, después de una hora de dura contienda.
-Vamos arriba que está lindo a esta hora en la terraza -propuso Blu.

Llevamos el jugo, nos sentamos a charlar, mientras Santi se enchastraba limpiando la parrilla e interrumpía mientras yo contaba mi viaje a Chile y los percances sentimentales.
Corrí unas sillas apiladas, que obstaculizaban la puerta que da a la escalera, para apoyar los pies.
Y… PUM!
Se cerró de un portazo. Y no la podía abrir.
-Se cerró????????? -consultó Blu, preocupado.
No había manija, ni llave, ni nada. Las sillas que corrí estaban para eso, para que no se cerrara la puerta. Imaginé que tal vez la podría abrir con una tarjeta de crédito, como en las películas.

Blu, Santi y yo, encerrados en la terraza con un jugo de naranja.

Blu, pensativo, dijo ‘ahí vengo’, saltó a otra terraza, de ahí al balcón de su cuarto. Escuché un ‘ahhjjj’. Al rato, abrió la puerta desde adentro. Dijo, tomándose la rodilla:
-Pensé que estaba más cerca. Me hice mierda las piernas.

Dolorido, se sentó. Santi, aburrido, buscaba cosquillas. Jugamos a que era el pollo: lo acostaba en mis piernas, lo pinchaba, le ponía sal y le mordía la patita.
-Levantame tío Jota, ahí, ahí!
Arriba, abajo, arriba, abajo, volando, arriba de la parrilla, de acá para allá.
-De nuevo!
Arriba, abajo, arriba, abajo, volando, arriba de la parrilla, de acá para allá.
A la media hora no podía ni respirar del cansancio.

Cómo hacen los padres? Tienen dobles de riesgo? Será por eso que los que tienen esposa e hijos siempre quieren quedarse más tiempo en el trabajo que nosotros los solteros?

Cerca de las ocho, avisé que me iba. Subí al colectivo, bajé a unas cuadras de casa, caminé. Casi llegando a casa, una amiga me llamó por teléfono. Al borde del llanto, me contó que había cortado con su novio. Media hora después, entré a casa, dejándola -creo- más o menos tranquila.

Y exhausto, al fin, me tiré en el sillón.



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