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octubre 10, 2009 by
Jota
Aye, como ya todos saben, es mi compañera de trabajo de los sábados a la mañana. Y ya es, además, una amiga, una consejera. Es, también, quien me invitó a aquella reunión de sol@s tan patética. Pero hoy terminó de confirmarme que más que todo eso es una Jotita al cuadrado: una gran perdedora.
-Si querés una para MdP llamame… -me escribió por mensaje de texto esta tarde.
Qué raro -pensé-. No debía estar en San Pedro con las chichis? (ah, porque lo único que salió de ese encuentro de solos y solas fue una salida exclusiva de solas)
La llamé. Me contó. Y, la verdad, vale la pena prestarle atención…
Se despertó temprano, llegó a la terminal de Retiro con tiempo, canjeó los pasajes, se encontró con las chicas, llegaron al andén en el que salía el micro y esperaron. Y esperaron. Y esperaron. Y preguntaron:
-No, pero el micro ya se fue!
Y se había ido.
Volvieron a la boletería, intentaron cambiar el pasaje, no había otro micro, pero fíjense en…
-Y mi mochila?
Su mochila.
La mochila de Aye había desaparecido. La chiquita, la de mano, la que tenía su DNI, su cámara de fotos, sus efectos y afectos personales. “Cosas que quiero mucho”, me relató con ternura por teléfono. No sabía si reír o llorar.
Imagino que en ese momento me habrá entendido: es jodido ser un perdedor.
Le recomendaron -casi que la obligaron- a hacer la denuncia antes de volver a intentar conseguir pasajes. “Andá abajo antes que nada”, le sugirieron.
Y bajó. Y esperó a que la atendieran. Y cuando la atendieron, el oficial, con mal tino, le espetó:
-Mirá, querida, se acaba de morir una persona arriba de un Chevallier… No tengo tiempo para otra cosa, vení más tarde.
A esa altura, Aye ya había tratado mal dos veces a su pobre padre (“se me fue el micro, llamame después!”, le gritó primero; “me acaban de robar la mochila, chau!”, le cortó después), había pensado en volverse a su casa, en convertirse al Jotismo.
Pero no.
Tomó valor, sacó otros pasajes, llamó a Jota para una TTR (terapia telefónica regenerativa) y siguió adelante. Desconozco si pudo, finalmente, viajar a San Pedro, si el micro se quedó en medio de la ruta, si encontró lugar donde hospedarse o si le tocó viajar al lado del fiambre de Chevallier. Lo cierto es que queremos, todos queremos, esta clase de perdedores. Los que no aflojan, los que siempre quieren más. Un tropiezo no nos amedrentará. Y mil, tampoco.
Hasta la derrota siempre!