Ser perdedor no es fácil. Y ser amigo, amiga o incluso cruzarse con un perdedor puede llegar a ser letal.
El viernes conocí a una amiblogger. Sí, una dueña de blog que, oh casualidad, vive en Lima. Quedé en encontrarme con ella, con Sushi Punk, al mediodía, para ir a almorzar.
Fiel lectora de mdp!, ya conocía mis inconvenientes alimenticios.
-Tendremos problemas para encontrar dónde comer, no? -inquirió.
-Sin dudas.
Pasó a buscarme por el hotel a la 1. Y echamos a andar. Caminamos, caminamos, caminamos, caminamos… charlamos, charlamos, charlamos, charlamos. Intenté explicarle que mis problemas alimenticios no son tan graves. O es grave que no te gusten las verduras crudas, las comidas muy condimentadas, los picantes, la mayonesa, la crema y el vino?
-Eres como una niña -dijo.
Creo que tiene algo de razón.
Mientras decidíamos dónde comer, llamó Vero, una amiga de Sushi. Hablaron unos segundos y Sushi me pasó el teléfono:
-Va a cocinar. Quiere ver si puede gustarte algo…
Tomé el celular…
-Sí, tengo problemas -arranqué-. No soy fácil para comer, sabelo. Ahora sí… Soy Jota, qué tal.
-Te gustan las pastas?
-Sí.
-Bueno, te preparo pastas y luego vemos con qué las comes.
-Bueno, pero no le pongas nada de nada.
Llegamos a la casa de Vero y ella estaba tomándose la mano, dolorida.
-Me quemé mientras cocinaba -contó; quiso sacar un poco de aceite de un sartén y se chorreó la mano. Feo, feo… me pasó muchas veces (ver archivo).
Empecé a sospechar de mí mismo.
Al rato contó sus problemas con su chico.
Después derribó sin querer un vaso y volcó todo el jugo de maracuyá en el jean de Sushi.
Al rato trajo un secador de pelo (para el jean de Sushi) y no hubo manera de que las patitas entraran en los enchufes.
Después Vero se golpeó la pierna con la mesa.
Fuimos a tomar algo, los tres, y pidió un vaso con agua para poder mojar su mano dolorida por la quemazón: le trajeron agua hirviendo…
Reclamó: le trajeron agua caliente.
Cuando salíamos, casi se cae en la calle.
Volvimos caminando con Sushi, hablando de la vida. La dejé en su casa (en realidad, se dejó ella; yo no tenía idea de dónde estaba), volví al hotel, cené… Y hablamos.
-No sabes lo que me pasó -dijo-. Fui a Vivanda (el súper que esta en la cuadra de mi hotel) a comprar cervezas con mi prima. Llevaba un pack de cervezas y mi pack chorreaba. Otra vez me manché todo el pantalón. Nunca me pasó algo así. Cuando llegué a casa era todo cerveza. Posta que no eres yeta, Jota?
La verdad, no supe qué contestarle…