Derrotas, caídas, papelones y (des)encuentros…

MdP! Manual de Perdedores


Archive for the ‘De viaje’


Jotarigasinos 11

Posted on marzo 22, 2011 by Jota

Podría haber elegido Montevideo, o la calma de Colonia.

Podría haber viajado a la Costa Atlántica. Tal vez al sur, más al sur.

Podría haber optado por otro destino, quizás el norte.

Podría, también, haber conocido el microclima de cierto paraje de San Luis.

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Pero elegí Rosario.

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.Y me fui a Rosario a pasar cuatro días, a despejarme, a relajarme.

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Lindo el río, lindo. La orilla es, sin intención de rima alguna, una maravilla.

Las mujeres, vaya, todas lindas; todas.

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Vero me hospedó en su casa (en la de su hermano, en verdad), me dio charla, me sacó a pasear, me bancó el momento, no el mejor momento.

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Con Román compartimos una cerveza, las experiencias, las broncas, el pasado, el futuro. Que se venga su futuro.

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Con D, que no es Lady D aunque de Lady tiene todo, unas gaseosas, unas papas, unas sonrisas. Me quedé con ganas de algún paseo más.

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Con Ella -porque también la vi a Ella, ahí, sí, en Rosario-, apenas un abrazo de bienvenida, un instante de palabras llenas, un abrazo de despedida, y después la vi de lejos, en su mundo, que no es el mío pero lo es. La disfruté a la distancia. La adoré -aunque no le gusta que la adore- a la distancia.

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Y me encontré con Marula, vieja amiblogger, tan joven la amiblogger, una ternurita con pecas y alegría que casi me ahoga el blackberry en gaseosa pero que me desahogó algunas penas, embebiéndonos en Sprite Zero y helado de chocolate rocher, enviciándonos con Marlboro y descorchando el más puro aire de la costa rosarina.

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Caminé mucho, leí, el sol me tomó por sorpresa, conocí callecitas y gente, playitas y bares. Desenchufé unos cables, enchufé algunas ideas, volví a enloquecer de pronto -como si alguna vez hubiera recuperado algo de cordura-.

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Y aquí estoy de nuevo.

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Insomne. Tan loco.

Devolvido 7

Posted on enero 09, 2011 by Jota

Una postal del Morro

Me fui de vacaciones, como muchos saben y otros intuyeron.

Y volví de las vacaciones.

No me puedo quejar: Brasil, país tropical, todos los días hermosos menos el último, bronceado admirado (una vieja conocida, a quien apodaremos Lalala, al verme en Boipeba me dijo: “Qué hijo de puta, Jota, mirá el color que tenés!”), buena comida pero con pérdida de peso, buena onda con los amigos, lindos lugares… En fin.

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Lindas vacaciones.

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La nota de color, tal vez, la haya dado el último día. Para los que conocen Morro de Sao Paulo y volvieron de allí hacia Salvador por vía marítima, saben que las aguas no son calmas en horas de la tarde.

Así, pues, Jota y su amigo Negro (no porque sea negro, no es el caso de “yo tengo un amigo negro”, para nada: simplemente le decimos “Negro”) sacaron pasaje para las 15, para aprovechar “la última mañana en la playa”. Eso quisimos.

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La última tarde en el Morro la pasamos con Lalala -conocida de Jota-, Delfi y Jose -sus amigas chetas-, tomando mate y charlando de la vida silvestre. La tarde se hizo noche, y la lluvia obligó a los cinco -no olvidemos al amigo Negro- a mudarnos a la pequeña cabañita que alquilábamos. Entre cervezas y caipirinhas, terminamos del orto, hablando de todo un poco, bastante fuera de cualquier estado llamado “normal”. Delfi termino dormida en la cama (“por fin una chica en mi cama!”, pensé, pero no hubo final feliz), el Negro con los ojos desorbitados y yo, que tomé un octavo de lo que tomaron los demás, con problemas de modulación.

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Y la lluvia siguió.

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Las chicas se fueron -obvio-, nosotros nos quedamos charlando.

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Llovió toda la noche.

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Y llovió toda la mañana que pensábamos aprovechar en la playa.

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Y cuando nos fuimos a tomar el catamarán ya no llovía, pero las olas hacían de ese catamarán un barco de papel: se mueve para acá, se mueve para allá, a los cinco minutos empecé a sentirme mal. Precavido, me tomé un dramamine, ideal para evitar mareos y nauseas. Al rato, una chica apareció en la cubierta para lanzar su almuerzo. A los cinco minutos, un flaco dejó el suyo flotando en el mar.

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También precabido, yo ni siquiera había comido; apenas dos galletitas con mate en el desayuno.

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A los 40 minutos, mi alma y yo no éramos la misma persona. No podía con ella. Mareado, con chuchos de frío y baja presión, cedí ante la baranda y devolví lo que había ingresado quién sabe cuándo, incluyendo el dramamine…

-Estás bien? -me dijo el Negro
-No
-Qué necesitás?
-Llegar a tierra

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Un tipo se me acercó para decirme que la clave estaba en mirar el horizonte. Le creí hasta que siguieron los mareos y ahí descubrí que era la fórmula de un fumado.

Al rato, devolví lo que quedaba en mi estómago: restos de un agua mineral y un líquido amarillento, seguramente una porción de bilis.

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Ese segundo devolvimiento provocó lo peor. Mi presión baja se transformó en un abrupto malestar general y la certeza de que estaba por perder la conciencia. Al borde del desmayo, alcancé a tocarle la espalda al Negro:

-Negro… -susurré
-Jota, estás bien?
-No… me estoy por desmayar…
-Querés ir adentro?
-Sí… además tengo frío

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Empapado por el agua que brotaba del golpeteo de las olas contra el barco, temblaba del frío. Literalmente: temblaba de pies a cabeza.

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-No conviene que vayas adentro, dicen que hace mucho calor… Acá por lo menos hay aire, mejor quedate afuera -volvió el Negro con la posta
-No puedo más…
-Bueno… Esperá que me fijo si hay lugar

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Enterado ya todo el barco de mi flojera, una señora desocupó el primer asiento, que recibía la brisa de la puerta de salida hacia el mundo exterior. Ahí me senté, empapado, temblando, convencido de sufrir hipotermia y con pérdida parcial del conocimiento (admito que tampoco tengo tanto conocimiento por perder). Me puse un pilotín para lluvia encima de la ropa mojada, a pesar de las contraindicaciones.

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Padecí el resto del viaje: sobre un total de dos horas estipuladas entre un lugar y otro, el buque tardó más de cuatro. Al llegar a Salvador, ya había dejado mi bilis entera en una bolsa de nylon para la ocasión. Y las horas que teníamos libres para comprar unos regalos se tranformaron en minutos en el Mercado Modelo que estaba a punto de cerrar. Mientras el Negro buscaba havaianas para sus sobrinas, yo me cambiaba de ropa en el bar del lugar, tomando una sprite para devolverle el color a mi cuerpo.

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Unas horas después recuperé algo de forma. Ya caminaba, y hasta tenía hambre: comí medio tostado en el aeropuerto. Viajé sin grandes problemas. Y ya estoy acá: pesando poco (75,8) gracias al barquito, todavía algo tostado y pelándome la cara, feliz por las vacaciones que pasé, ya devolvido a la vida cotidiana y a horas de volver a trabajar.

Feliz día del otoño! 9

Posted on septiembre 21, 2010 by Jota

Como bien saben, porque ya lo he posteado, festejar el día de la primavera con un encuentro palermitano, salida con amigos, cena en un pub o cualquier cosa semejante es de perdedor o perdedora. Es, básicamente, un hecho patético. No lo digo yo, lo dicen los libros del patetismo y perdedorismo que tanto leí para llegar a ser lo que soy.

Pero como me cansé de eso, y como no pensaba estar en Buenos Aires para padecer a la gente feliz caminando por la calle como si fuera un día especial (no lo es; entiéndanlo, NO LO ES), aproveché mi viaje laboral para permanecer un día y sólo un día lejos de casa, de la primavera y de todos los perdedores.

Desde Madrid, entonces, este 21 de septiembre les digo a todos: feliz día del otoño!!

(y, con cariño perdedor, que les llueva todo el día)

Tiempo en el aire 10

Posted on septiembre 17, 2010 by Jota

Voy a ser repetitivo: el viajar no es un placer.

Todo comenzó la noche del miércoles. Todo estaba listo para que me tomara mi vuelo de Aerolíneas rumbo a Madrid, escala previa para aterrizar en Paris, a su vez escala previa para terminar en Lyon.

Pedí salida de emergencia: se puede estirar las patas. Me dieron salida de emergencia. Genial!

Mis dos compañeritos de asiento llegaron enseguida: una pareja joven, españoles ambos, que hablaban no sé si vasco o algo así. Sonrieron, saludaron. El varoncito se puso a acomodar sus bolsos por sobre mi cabeza.

Y pumba!

Una botella de litro y medio de agua mineral, llena, cerrada, me golpeó de arriba.

-Disculpa! Mil disculpas! -dijeron los dos, a coro.
-Todo bien! -dije. Nadie iba a arruinar mi viaje. O no ellos.

El vuelo fue un martirio. Al lado de mi asiento, pasillo, no había más asientos sino un pasillo estrecho y la islita donde sacan las bebidas, la comida, todo. Las azafatas fueron y vinieron durante todo el viaje. No pude dormir más de tres horas en un vuelo que dura 11. Y que es de noche.

Y no quiero abrumarlos: al llegar a Madrid, tarde, me demoraron en migraciones -tengo cara de sospechoso?-, llegué con el tiempo justo para el check in hacia Paris y la señorita checkinera me recibió con un:

-Oye pero este vuelo es para mañana!

Mi vuelo era para el día siguiente. Fui a cambiarlo: cambiarlo salía una fortuna.

Busqué una computadora, le escribí a mi hermano -ducho en estas artes-, me recomendó que lo sacara. Fui a sacarlo. Tardaron media hora en atenderme y 45 minutos en venderme el pasaje, que me salió un 80% más que el original, y sin la vuelta.

Una vez hecho el check in, corrí hacia la puerta de embarque: el vuelo que debía salir a las 17.25 estaba previsto para las 18.25. Pero no embarqué hasta las 18.40. Y el vuelo no salió hasta las 19.

Había pedido pasillo, pues la ventanilla, el encierro, me da pánico: me dieron ventanilla. El avión estaba lleno.

-El tiempo de vuelo previsto es de una hora y treinta minutos -anunció el capitán.

A las 21.15, más de dos horas después, aterrizamos en Paris.

Mi hermano, quien me iba a hospedar esa noche en Paris, me había dado instrucciones para tomarme el metro. Mil doscientas treinta y seis combinaciones que olvidé imprimir o anotar. Ergo: me quedaba el taxi.

Ochenta personas haciendo cola para tomarse un “taxi parisiene”. Esperé. Al llegar mi taxi, veinticinco minutos después, consulté al taxista:
-Do you speak english?
-No.
-Spanish?
-No. Only french.

Le mostré el papelito con la dirección. Me llevó en silencio.

Lo que tenía pensado como una escala para conocer Paris y recorrerla durante una tarde terminó en una hora dando vueltas por la Torre Eiffel y el Louvre. Y necesitaba cenar.

Mientras volvíamos en metro, en una de esas combinaciones nos encontramos con una realidad Jota: una señora acababa de cerrar el paso hacia una estación porque ese día, justo ese día y sólo ese día cerraba antes. A cambiar.

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Caímos en un restaurante. Había gente, a pesar de que ya eran más de las 12.30 de la noche. Nos sentamos: mi hermano, su novia y yo.

Vino el mozo:

-Sólo comidas frías -dijo en un impecable francés que sólo entendió mi hermano.

El problema es que frío solamente había una ensalada y quesos. Pedimos una ensalada y quesos.

Mientras ellos comían y yo deglutía pan, me pareció ver algo que movía a mi derecha, en el suelo alfombrado.

Era lo que temía: un ratón. Y no era el único.

Empezamos a ver uno y otro, otro y otro más, salían de abajo de las sillas como si nada. Y a nadie le importaba.

Empecé a ponerme loco. A fastidiarme. Sólo quería irme.

Nos fuimos, no sin antes comprobar que en la cocina también se veían ratones y no sin antes de decirles a los del restaurante que tenían, justamente, muchos ratones.

-Ah, si, si, ja -dijo el encargado.

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Con fastidio, nos fuimos al hotel, imaginando el gran negocio de la venta de gatos en Paris. Dormimos menos de cuatro horas: teníamos que tomarnos un tren rumbo a Lyon. Yo por trabajo, ellos por placer.

Llegamos a la estación pasadas las 9. Al imprimir los boletos, nos llamó la atención el día: domingo.

Domingo…ocho de octubre. Mi hermano sacó mal los pasajes. A cambiarlos.

Veinte minutos más tarde, con los boletos nuevos y un recargo por el cambio de fecha, nos subimos.

Llegamos a Lyon, tiramos las cosas en los cuartos y pedimos un taxi: o no íbamos a ver a Mónaco y Nalbandian por la Davis, acasao?

Con Jota en las gradas, perdieron Mónaco y Nalbandian.

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Nada más por estos días… Sólo que además trabajé. Y que siendo la 1.33 en Lyon, habiendo comido solamente una hamburguesa en las últimas 48 horas y con apenas seis horas de sueño entre las dos jornadas, sólo quiero descansar para mañana, tal vez, sí disfrutar de estar acá…

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*Juro que está reducida cada historia: podría contar el detalle de mis cambios de pasaje en Madrid, pero sería eterno…

Con las valijas llenas 7

Posted on septiembre 15, 2010 by Jota

Como les anticipé, me voy de viaje. Por trabajo, es cierto, pero de viaje. Y todo viaje está bueno.

Lo que no está bueno es enfermarse antes de salir. Y como mi molestia garganteril (comúnmente llamada dolor de garganta) se extendió en el tiempo, decidí ir a ver al médico.

Me levanté, pues, temprano. Y fui a la guardia del sanatorio San Camilo. Allí, después de esperar durante media hora, me atendió una joven doctora. Si no me gustaran un poquito más jóvenes diría que estaba buena. Le conté mi problema (éste, el puntual, no iba a hacer catarsis con ella), le conté, además, que mi preocupación era que me estaba yendo de viaje este mismo día. Hoy. Me revisó la garganta, me puso el cosito ese frío en la espalda (nunca me acuerdo el nombre del cosito) y diagnosticó:

-Normalmente, a esto que tenés le llamamos virus. No llega a haber infección, y en tu caso solamente ocupa las vías respiratorias superiores. Las inferiores están muy bien.
-Ajam.
-Así que lo que te recomiendo es que hagas un tratamiento antiinflamatorio simple, con ibuprofeno, baños de vapor y descanso.
-Sí, pero te dije, me estoy yendo de viaje hoy.
-Claro, sí.
-Y te digo la verdad, le tengo miedo al avión, el aire acondicionado, son como nueve horas de vuelo… Voy a llegar peor.
-Entiendo, pero no podemos hacer un tratamiento preventivo. No te puedo dar un remedio para que tomes antes de que tengas algo.
-No, lógico, no quiero tomar algo antes. Pero si empeoro allá? Yo me conozco…
-Ja… En ese caso…
-No quiero tomar algo antes, ni loco tomaría antes un antibiótico. Pero quiero saber qué hacer si llego allá y además de la garganta aparecen otras cosas, fiebre, malestar general, etc.
-Lo que sí puedo hacer es recetarte el antibiótico, pero no lo podés tomar antes.
-No!! No!! No lo tomo antes, pero sí, dame el antibiótico. Yo sé cómo es esto, hoy me siento mal, mañana me siento peor y termino pasando una semana en cama en el exterior.
-Bueno…
-Gracias…
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En unas horas parto. Tengo todo listo: ropa interior, remeras, sweaters, camperitas, zapatillas, un libro, mp3, reservas de pasajes y hoteles impresas, una gran cantidad de chicles regalados por Flor, la cámara de fotos, el grabador (ah, porque voy a trabajar, cierto), una libretita (ídem), el pasaporte… Y, también, una caja de ibuprofeno 400, amoxidal dúo (dos cajas de 14, por las dudas), Acemuk L (por la garganta, vio?) y una decena de remedios que me llevo… por las dudas. Sólo porque soy Jota.

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Si no me pasa nada, les contaré algo durante el viaje. Si no… hasta la vuelta



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