La tierra del olvido 10
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Avión, calor, mar, playa, jugo de piña, las argentinas, el lanchero Domingo, Santa Marta, mujeres, cerveza Aguila, atardeceres, ataques de risa, derrotas, caídas, papelones, vallenato, Katherine, ¿otra cerveza?, fotos, sol, bikinis, Cartagena, más ataques de risa con Marcelo, las chilenas, más ataques de risa, Smirnoff Ice, salsa, Playa Blanca, brobceado caribeño, Catalina, todo con arroz y patacones…
Dos semanas en Colombia hicieron que me olvidara de las urticarias, los dolores de cabeza, las preocupaciones, las enfermedades en general.
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Cartagena de Indias y Santa Marta lograron que las jotistas anécdotas me cayeran simpáticas y pasaran casi inadvertidas.
La comida, toda con acompañamiento de arroz y patacones (plátano frito), me resultó exquisita. Comí pescado para todo el año.
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Con Marcelo, compañero de viaje, estuvimos casi siempre en la misma sintonía, compartimos el tipo de humor, aunque -debo admitirlo- yo soy un poco más fiaca y me cuesta salir a la noche…
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Las chicas, para ser sincero, brillaron por su ausencia, aunque 48 horas con Cata y Katu -colombianas ellas, una de Cali, otra de Barranquilla, las más lindas y copadas que conocimos- fueron suficientes para volver con fotos y anécdotas para contar. Como, por ejemplo, que las dos (que trabajan como promotoras) casi nunca quedaran solas porque sus compañeros de trabajo, y también custodios personales, no se les separaban… Sólo una tarde, cuando los seis fuimos a Playa Blanca en Santa Marta, ellas les “ordenaron” separarse durante media hora para que pudieran “socializar” un poco… Y lo hicieron a desgano.
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La ida a Santa Marta fue problemática y tediosa, la vuelta apenas problemática: volvió a cagarnos el servicio de traslado, salimos dos horas más tarde y ya estamos de nuevo en Cartagena, desde donde partiremos en unas horas.
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Ni siquiera me siento mal por haber descubierto en mi último día que el hotel tiene jacuzzi y terraza con hamacas y reposeras… O que en el desayuno, debajo de unas campanas de metal, había unos pancakes bien yankees que, con miel, resultaron exquisitos sólo la última mañana…
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Por eso mismo:
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Como la luna que alumbra
por la noche los caminos
como las hojas al viento
como el sol espanta al frío
como la tierra a la lluvia
como el mar espera al río
Así espero mi regreso a la tierra del olvido
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(pronto, las imágenes del viaje en Las fotos de Jota)




