Baja? 20
Tiempo atrás, en mi primera estadía en Lima, les conté sobre los problemitas del ascensor.
No bien volví a Buenos Aires, mis compañeritos de trabajo me mandaron un mail avisándome que los problemas ya estaban resueltos. Y, ya de nuevo en Lima, encontré en una de las paredes de la oficina una foto con una leyenda. La leyenda decía: “Se fue el Che y todo funciona”. En la foto, quince de mis compañeros se apretujaban dentro del ascensor que, por entonces, funcionaba a la perfección.
Duró unos pocos días y volvió a fallar. Y lo cerraron, a la espera del arreglo definitivo. Y cuando volví, hace veinte días, todavía seguía roto.
Hace algunas semanas, una empresa comenzó con el arreglo del ascensor. Parece, o al menos dicen, que lo van a cambiar. Que van a poner uno nuevo y están reacondicionando el interior del agujero. Desde hace días que se ven tipos metidos adentro y una luz que sube y baja, que no sería otra cosa que el ascensor en pleno proceso de prueba.
Ayer, al volver del almuerzo que me ofrendaron las tres únicas chicas del trabajo (Charo, Margarita y Natalia), comentamos la molestia que implicaba subir esos cuatro pisos (con doble descanso, ya que se trata de un edificio viejo) varias veces al día.
Y a las pocas horas ocurrió lo peor:
-Oye, parece que ha muerto alguien -dijo otro alguien, no el supuesto muerto.
-En dónde? -consulté.
-Aquí mismo. En el ascensor.
La lluvia de chanes goteó por todas nuestras cabezas -aunque ninguno acá sepa de qué chanes hablo-.
Mi amigo Reyes y yo bajamos las escaleras, cual viejas chusmas, para ver si era verdad. Y así era: el hombre de seguridad del edificio custodiaba la puerta de entrada, mientras una muchedumbre de curiosos se agolpaba en la puerta. Una ambulancia y un camión de bomberos coronaban la escenografía.
La noticia era dura y cruel: mientras un par de operarios trabajaba dentro del hueco del ascensor, éste, de manera sorprendente y automática, se desmadró y cayó sobre sus cabezas.
Con Reyes volvimos a subir. Y yo, nuevamente agitado, fui directo a buscar la cámara de fotos.
Y retraté a los curiosos de la vereda de enfrente.
Y la fila de automóviles que se acumulaban por la angosta callecita Miró Quesada.
Y la ambulancia, y el camión de bomberos.
Y después de una larga espera, salió un cuerpo en una camilla. Y estaba vivo!! Se movía! Tanto que la foto salió movida…
Al rato, llegó la nueva noticia:
-Oigan, parece que había un muerto, nomás.
Entramos a los diarios locales y ahí estaba: un muerto y un herido.
Y si no lo creen, fíjense, con videíto y todo en el que se ve la entrada del edificio.
Cuando me fui del edificio, a las 22.30, había un camión de la morgue. Todavía estaban sacando el cuerpo del muerto.
Por suerte, ahora no va a haber más accidentes.
Ya están todos avisados:

