La receta 7
Fui al médico.
Rutina, digamos. Hacía mucho que no iba y decidí visitarlo para que me ordenara hacer algunos estudios y ver cómo andaba mi vida por dentro de mí.
Mi médico no es un médico habitual. Es un señor mayor, de unos 80 años, de la vieja escuela: no te pregunta qué tenés sino cómo anda tu vida, no acostumbra recetar medicamentos sino actividad física y vida sana, y cada visita demanda aproximadamente 40 minutos de charla. Con fortuna, a veces, me toma la presión. En caso de auscultarme, no lo hace con un estetoscopio sino directamente con su oreja pegada a mi espalda.
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Lo adoro.
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Esta vez, la consulta corrió por los mismos carriles.
-Hola, Jota, cómo anda usted tanto tiempo?
-Bien, muy bien.
-Cómo anda su trabajo, su familia, su vida?
-Bien, la verdad. Mucho trabajo, pero lo llevo bien, normal. El resto bien, por suerte.
El Doctor comenzó, como siempre, a contar anécdotas de la vida. De sus hijos, de su esposa, de algún viejo médico ya retirado de la actividad. Siempre lo hace. En determinado momento, se metió con un tema delicado.
-Y dígame, Jota, está en pareja?
-No… nada serio, digamos
-…
-…
-Y hace cuánto que no está en pareja?
-Y… bastante… digamos que de novio, hace tres años
-Uh, eso es mucho…
-…
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Hubo un silencio incómodo. Empezó a mover las manos, a golpear los deditos contra el escritorio. Y me contó una historia, sacada -dijo- de un viejo cuento, que dice algo así:
Estaba Noé en su arca, con parejitas de animales y de humanos. Había asiáticos, sudamericanos, norteamericanos, africanos, oceánicos, indios, todos en la cubierta del arca, pasando los días en alta mar, cuando en medio del agua aparece un hombre, a punto de ahogarse. Lo rescatan. Le dan de comer, de beber. Y a la noche deciden hacer una fiesta para celebrar el salvataje. Cada pareja muestra su gracia, malabares, saltos, chistes, cantos, y el hombre rescatado, un europeo, mantenía su cara triste. Entrada ya la noche, algunos de los organizadores del festejo se acercaron a Noé para comentarle su preocupación por el estado del europeo. Y Noé fue simple: ustedes no entienden -dijo-. El asiático está con la asiática, el indio con la india, el americano con la americana, el perro con la perra y el mono con la mona. El europeo está solo.
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Casi me pongo a llorar.
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Después me recomendó salir a caminar varias veces por semana, nadar y comer menos (“estás un poco excedido en peso, no?”). Y antes de terminar tiró frases bíblicas como “no es bueno que el hombre esté solo”.
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Básicamente, el doctor me recetó una novia. El cree, aunque no me lo haya dicho con sus palabras, que mis problemas, dolores y frustraciones se van a ir cuando ‘la’ consiga. Y que mi ansiedad es, también, producto de eso.
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Y entonces, pues, me puse nuevamente en campaña…
#UnaNoviaParaJota
Tal vez por un remedio que tomé hasta enero por mi ya conocida urticaria autoinmune, llevaba meses, sino años, sin enfermarme de esas pestes habituales como gripes o anginas. Pues bien: en enero dejé de tomar ese remedio. Y he aquí el resultado.
