Derrotas, caídas, papelones y (des)encuentros…

MdP! Manual de Perdedores


Archive for the ‘Música’


Buen día, día… 14

Posted on marzo 31, 2009 by Jota

Qué lindo es despertarse una mañana como la de hoy y ver el sobre arrastrándose debajo de la puerta. Un sobre con el logo del banco, mi banco.

Qué lindo es abrirlo, sacar la única hoja que contiene dentro, leer las pocas líneas del mensaje y saber que dentro de dos meses, la tasa de interés del crédito que estás pagando pasa del 8 al 18%.
Así da gusto.
Buen día, día!

Aye 16

Posted on marzo 06, 2009 by Jota

Saben que no abundo en anécdotas de otras personas, que conmigo alcanza y sobra para sostener esta página por mucho tiempo. Pero su caso es especial. Ella, Ayelén, es especial.

Aye es colega, la conocí hace un año en el trabajo. No en “mi” trabajo ni en “su” trabajo, sino en un trabajo secundario que ambos tenemos, en una actividad que compartimos y disfrutamos: la docencia.
No costó mucho encontrar puntos en común cuando charlamos por primera vez: anécdotas losers, historias bien papeloneras, sintonía de humor y esas cosas. Hasta tiene su propio blog, en el que cuenta algunas de sus derrotas cotidianas. Y todo eso llevó a que este año trabajemos juntos, digamos, ya por elección.
El martes tuvimos una reunión de trabajo. A la salida, mediodía, decidimos ir a comer por el centro, cerca de su trabajo principal y camino hacia el mío.
Estación Malabia, línea B de subte. Bajamos las escaleras.
Viene bien una aclaración: permanentemente comparamos nuestras anécdotas, no digo que peleemos por ver quién es más perdedor, pero estamos ahí. Yo, incluso, déjenme decirlo, le concedo el primer puesto en muchos, muchísimos aspectos. Claramente ella tampoco ha sido beneficiada por la mano de Dios. Pero como siempre, cuando uno cuenta las cosas que le pasan y, siempre, son malas, el otro no termina de creer. Desde las pequeñeces más perdedoras hasta las desgracias más complejas, uno no acaba por creerlas hasta que las ve.
Volviendo. Bajamos las escaleras del subte. Ella saca su tarjeta Monedero, yo enfilo hacia la boletería con un billete de dos pesos en la mano. Ella dice:
-No, Jota, qué hacés? Vení, yo tengo, no hagas la fila.
Generosa, posa su tarjeta sobre el lector y me invita a pasar primero. Paso, doy media vuelta y la miro para ver cómo pasa, mientras observo cómo la boletería adquiere un tinte de muchedumbre.
Ella posa nuevamente la tarjeta Monedero en el lector y un pitido la frena. La posa de nuevo, el mismo pitido. Me mira ruborizada.
-No lo puedo creer -dice.
Yo tampoco lo puedo creer. Yo ya pasé. Ella no. Su tarjeta, claro, ya no tiene crédito.
Enfila -ahora ella- para la boletería, se banca la fila, la espera, se ríe sola, yo me río solo unos metros más atrás. Carga su tarjeta Monedero, vuelve a pasar por el lector, ya no hay freno. Y nos volvemos a juntar de este lado. El que nos une, en definitiva, el lado B, el de los derrotados.
Si me permiten (y si no, también, loco, es mi blog y hago lo que quiero), voy a musicalizar esta entrada. Creo que encontré el tema perfecto.

La vela puerca 26

Posted on enero 30, 2009 by Jota


(Sea / Jorge Drexler)

Era obvio, no podía ser de otra manera: mi cumpleaños fue un fiasco. No lo digo por ustedes, QQ y Tele, entrañables amigos que me hicieron el aguante a la noche con una cena tan íntima que faltaba el violín y la vela.

Justamente, faltaba la vela, no había torta de cumpleaños y ellos, generosos, improvisaron la soplada con un velón para cortes de luz sobre un toblerone. Es lo que hay…

Pero mi cumpleaños empezó muchas horas antes. Lo recibí solo en casa, con alguna compañía messengereana, dormí poco y nada, volví a dormir un poco, almorcé con mi madre. Y a la tarde? Trabajé! Sí, trabajando el día de mi cumple hasta las 9 de la noche, a las apuradas para tratar de irme medianamente temprano para que la cena no se hiciera desayuno.

Claro que el siglo XXI permite que los perdedores no estemos taaaan solos. Un montón de desconocidos me felicitó por feisbuc, algunos amigos por teléfono o mensaje de texto, los compañeros del trabajo me regalaron un ‘feliz cumple, che’ y algunos, hasta un abrazo. Ni hablar de todos los comentarios que dejaron aquí, en MdP! Un lujo. Gran obsequio.

El resto, todo dicho: empanadas, cerveza, gaseosa y toblerone entre tres, los sobrevivientes al mes de los perdedores. Porque, sépanlo, el que cumple años en enero, e incluso en febrero, es un perdedor por naturaleza: nunca puede festejar su cumpleaños con gente.

Para terminar, me han consultado sobre mi nueva edad. Los perdedores somos como las mujeres, no nos gusta revelar nuestro número. Pero les permito que, en base a lo que me conocen por lo que escribo, se arriesguen. Cuántos años creen que cumplió Jota?

(quedan excluidos los que ya saben cuántos años tengo, claro, no sean mala onda)

Clío 29

Posted on enero 19, 2009 by Jota

(Había una vez una gata – Luis Pescetti)

En mi cuarto de mi viejo departamento familiar había un placard enorme. Eran cuatro puertas dentro de las cuales se guardaba todo, pero todo lo que teníamos mi hermano y yo. Por si fuera poco, encima de esas cuatro puertas había cuatro puertitas más, bien en lo alto, en las que se podía acumular otras cosas.

Ahí caían, generalmente, las cosas que nosotros usábamos para irnos de campamento: bolsas de dormir, aislantes, cantimploras, cacharros, platos de madera…

Una tarde me subí a una escalera y empecé a hurgar en lo alto. Buscaba algo, no recuerdo qué. En el piso, sobre el parqué, Clío -la gata siamesa que mi hermano había llevado a casa sin consultar y que terminó enamorando a todos- maullaba y miraba atentamente.

Yo buscaba.

Ella maullaba.

Yo buscaba.

Ella…

Dio un salto y se agarró de mi espalda en lo alto, ahí, donde uno está indefenso paradito en un escalón. Sí, la muy turra me clavó las uñas de las cuatro patas en la espalda para mantenerse ahí arriba. Yo gritaba, gritaba, gritaba, intentaba llevar las manos hacia atrás para agarrar a la muy hija de puta.

Terminé agachándome -todo arriba de la escalera-, poniendo mi espalda en posición horizontal, para que Clío se relajara.

Lagrimeando, bajé las escaleras, le grité como si ella fuera a entender algo y me saqué la remera.

Cuatro manchones de sangre en cuatro puntos diferentes quedaron ahí para siempre. Y yo nunca más me subí a ningún lado con la gata expectante.

Pensamiento (II) 11

Posted on enero 17, 2009 by Jota


Debo ser muy simpático; de lo contrario, creo que sería virgen.


(Cualquier cosa bailarás / Alfredo Casero)



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