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diciembre 21, 2010 by
Jota
“Hay personas que nacen triunfadoras, desde la cuna se vislumbra que les irá bien en todo lo que se propongan, que ninguna puerta les será cerrada, que las oportunidades les lloverán, que serán lindos y talentosos. Y después estamos nosotros, los perdedores de ley, aquellos a los que nada les puede salir de un tirón, los que tendremos que luchar y festejar cada victoria agonizando, con un grito arrollador sobre la hora.
Cuando Jota me invitó a escribir para su blog no lo dudé, tenía que participar. No puedo ser perdedora por un rato, porque lo soy siempre (o casi siempre, un respiro tengo cada tanto, debo admitirlo). Mientras repasaba mi catálogo de derrotas se me vino una a la mente, triste porque viene acompañada de una humillación con el plus de la infancia, pero justamente por eso me marcó para siempre. Alguna vez la he contado en mi blog.
Corría el año 1991, tenía 11 años y estaba en sexto grado. No era muy popular por culpa de mi mamá, realmente me lookeaba horrible, cualquier semejanza con la Chilindrina no era casualidad, era su clon. En cambio, Fernandito era el chico más lindo del turno mañana y del club. Nadie se resistía a sus encantos. Yo asistía al turno tarde así que en la escuela mucho no lo cruzaba. Sinceramente, le tenía miedo, no podía ser más lindo y yo más fea.
Pero la vida cada tanto te descoloca: una vecina malvada me invitó a su cumpleaños, él asistió y me llevé una sorpresa. Recuerdo como si hubiera sido ayer que tenía puesta una camisa bordó con mini estrellitas blancas, un jean que rozaba lo nevado y zapatos Kickers azules. El pelo castaño claro, largísimo, lacio y un jopo enorme. Espantosa, merecía que no me toquen ni con un chorro de soda.
A la cumpleañera se le cantó jugar al semáforo y todos nos tuvimos que sentar en ronda para complacerla. Yo avisé que no jugaba con rojo y así dejaba bien en claro que no me pensaba dar besos en la boca con nadie. El resto de las chicas, que ya habían dado su primer beso se quedaron calladitas y fueron elegidas una y otra vez. Yo por supuesto, gracias a mis propias reglas y mi autoboicot, no era elegida por nadie. ¿Qué chico iba a querer darme un beso en la mejilla o en la frente, cuando tenía un tendal de chicas que pedían piquitos a los gritos?
Hasta que le tocó el turno a él, que para sorpresa de todas eligió amarillo y no rojo. El corazón se me aceleraba porque podía llegar a ser mi oportunidad, aunque no tenía muchas esperanzas, de chica era muy insegura y que él me eligiera sería todo un premio.
Pero sí pasó. Cuando me quise dar cuenta escuché ‘Amarillo, con Paola’ y se acercaba decidido a darme un beso en la frente… ¡Qué éxtasis, por favor! Quedé tan impactada que me fui de la ronda (calculo que a ahogar mis gritos de felicidad al baño) y esa noche no dormí acelerada, pensando que había sido la elegida y que todos hablarían de mi.
Al otro día, un domingo a la tarde bastante frío, el demonio de mi vecina vino a buscarme para salir a andar en bici. Durante todo el camino me dijo que cuando me fui Fernando comentó lo linda que era y dijo que quería que fuese su novia. No sé cómo me convenció para que le escribiera una carta diciéndole que yo también gustaba de él. Y mucho menos aún entiendo como de un momento a otro, estábamos haciendo ring raje en la puerta de su casa y tirándole esa misma carta debajo de su puerta.
Ya está, la jugada estaba hecha. Había puesto mi cabeza bajo una guillotina y sólo me restaba esperar la vida o la muerte. Sólo él podía definir mi suerte: si seguía siendo una perdedora o me pasaba de bando y con una ficha más que ganadora.
Hice esas seis cuadras que separaban su casa de la mía con un nudo en el estómago. No sabía si él iba a responderme o nunca lo haría, aunque a esa altura sólo deseaba que la carta fuera comida por una jauría de perros para que nadie la leyera jamás.
A los quince minutos, ya sentada en la vereda de enfrente de mi casa, lo veo venir con la ‘Milonguita’ (su bici negra que todos los chicos le envidiaban). Venía con la mirada fija, la misma que tenía el día anterior cuando dijo ‘Amarillo, con Paola’ pero ésta vez no hubo beso ni en la frente, ni en la boca ni en la mejilla.
‘No molesten más en mi casa’, fueron sus únicas palabras mientras una lluvia de papeles caía sobre mi cabeza. Nada en esa escena hablaba de amor, sólo había desprecio y desconsideración. Mi carta estaba hecha trizas sobre la vereda y el soplo de mi corazón pedía pista para acecharlo hasta dejarlo morir.
Fue un momento crítico en mi vida. Por supuesto, todos en la escuela y en el club se enteraron del rechazo (el segundo en mis cortos años de vida) y Fernando no me habló por un buen tiempo, algo que me dolía aún más. La vida más tarde me iba a dar revancha con este muchachito sin corazón pero eso sería un año después. Hoy es mi mejor amigo y podemos reírnos de esta anécdota, pero de algo no tengo dudas, éste hecho fue la puerta de ingreso a un camino sin retorno: el de los perdedores”.
Enviado por
Paola Florio
Autora de los blogs Capitana del Espacio y Matemos a los ex
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Este texto corresponde al concurso Quieres ser Jota Hese?, que había quedado abandonado debido a problemas con el jurado de expertos (uno murió, otro inició juicio por considerarse estafado por “los organizadores” y el tercero, en verdad, nunca había aceptado el convite). Con esta entrada, la Comisión Fiscalizadora de Concursos y Afines (CoFiCoA) da por terminado el concurso. Se agradece a todos los participantes, los elegidos y los que no tuvieron esa suerte, su participación. La semana que viene comenzará la votación.