Para todo lo demás existe Jota 26
Una crema para aliviar la picazón: 33 pesos.
Una crema para aliviar la picazón: 33 pesos.
Lo admito, soy un habitué de todos los grupos de anónimos.
Como ya todos habrán leído antes, y si no lo hicieron, lean primero acá y después acá, el remedio que me recetaron para curar de una buena vez la urticaria autoinmune me costaba más caro que hacerme un transplante de vida y reaparecer en un cuerpo sano. Por ende, volví a la idea de probar con homeopatía. Mi homeópata, recomendado por amigos que gracias a él dejaron de padecer diversas dolencias, me dio turno para… dentro de un mes y medio. Dicen que vale la pena esperar por las cosas buenas. Y mientras?
Entonces, me dije: “Pibe aprovechá, sos joven, y me fui al cine a ver una de terror”. No, eso no era.
Entonces, me dije: habrá otros/as homeópatas, no? Mi vieja amiga Pao, blonda novia de la escuela pimaria, me recomendó un par. Llamé a una, casualmente vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Hompeopatía, o algo por el estilo. Era el teléfono de la casa. Su marido, a quien llamaremos Pepe, me dijo que la primera consulta salía 250 pesos!!!!!!! Y a partir de ahí -a no preocuparse, habrá pensado Pepe-, bajaba a 150.
Insisto: antes de pagar eso, que me cambien de piel. O me pego un cianurazo y se acaban todos los problemas. Digo, no es cuestión de ser una rata con la plata: pero no me sobra. Y no es que me esté muriendo, no es de vida o arpa. O eso creo.
La médica ‘mágica’ china que me recomendó mi amiga Cora nunca me atendió. Una pena: dicen que con un tecito medio raro te cura hasta la cara de boludo. Ahora, mientras me rasco escribiendo estas líneas, tengo otro papelito con otro teléfono de otra homeópata que otro amigo me recomendó por consejo de otro amigo suyo. Creo que llamaré hoy.
En fin, otra vez todo empieza de nuevo. Y yo sigo acá, pensando si realmente todo esto vale la pena. Ya que están leyendo atentamente, les pido consejos:
En febrero del 2006, los broncoespasmos eran un mal recuerdo.
En medio de la implosión sentimental, y ya en casa de mamá Sara, el trabajo me dio un alegrón: un viaje a Berlin para cubrir un evento de Nike. Día y medio, sí, pero algo es algo. Lindo Berlin.
Allí empecé a sentir cierta picazón por la cola, las axilas, las piernas. Llegué a Buenos Aires brotado. Mi dermatólogo de cabecera no tenía turnos, así que recorrí guardias y otros especialistas. Benadryl? Nada. Como si fuera agua. “Lo mejor en estos casos es un preparado con avena y agua, que hay que dejar reposar en la heladera. Te pasás con un algodoncito por la piel y te calma la picazón”, me recomendó otra doctora (?). Nada.
A la semana estaba con urticaria desde los pies hasta el cuello. Daba asco verme. No dormía por la noche a causa de la picazón. Me atendió mi dermatólogo, el Dr. Woscoff, después de unos cuantos días de ansiedad: “Es una alergia. Tomate esto, tranquilo. Que te pidieron estudios porque parece una infección? Uf… te van a dar bien. Tomate esto”. El Ataraxone me salvó la vida. A los dos días no tenía nada, salvo un sueño de novela.
Desde ahí, cada tres o cuantro meses vuelvo a brotarme. “Urticaria autoinmune”, diagnosticaron. Mi cuerpo no reconoce mis propias células y las combate con zarpullidos!!! Grosso!!
Allegra, Ataraxone, Diprogenta, Lazar Cort, Elocon, Securo, Ataraxone, Cetizine, Protopic, Detebencil, Doxepina, Histamino Corteroid, hasta homeopatia (psorinum, histaminum)… Comprimidos, inyecciones y cremas no lograron curarme. Quizás, apenas, aliviarme. El año de terapia tampoco curó (pero volveré!).
A todo esto, en mayo del año pasado me desgarré. Nada grave: siete centímetros en el cuádriceps derecho para mi primera lesión muscular, para recibir mis 30 años. Cinco días sin salir de casa (no podía bajar los ocho escalones hasta el ascensor), calmantes para el dolor nocturno, dos meses sin hacer deporte…
No volví a jugar al fútbol.
Sumale las gotas Lopred para una inflamación en el ojo izquierdo; las enfermedades heredadas que me aquejan desde los 17, la alopecia inminente.
Tengo un cajón lleeeeeno de remedios. Uno para cada problemita. Cada tanto lo reviso para tirar los que se van venciendo. Son como recuerdos, fotos de los años infelices. O recuerdos que me llevan al cajón?