Estoy haciendo malabares. Se me complica mantener cierto equilibrio. Debo decirlo: no es fácil. No es fácil.
Podemos decir que ciertas cosas quedaron atrás, pero no del todo. Todavía mueven el piso.
Podemos decir -o puedo decir, ya que no tengo nadie que me tire letra- que otras que estaban atrás siempre vuelven. Siempre.
Y puedo decir, ahora sí, yo solito, que otras que aparecieron de la nada están ahí, latentes. La Tentes (buen sobrenombre).
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Vamos a dejar que los nombres del pasado queden en el pasado. La cuestión con el pasado es que estoy en un momento de paz interior. Vieron cuando los ingratos momentos quedan a un lado y las cosas lindas y los recuerdos felices son los que flotan en la superficie? Bueno, eso. Eso pasa.
Entonces, mientras disfruto del presente con La Nena (“el presente y nada más”, dice la canción; bueno, también eso, pero no vamos a entrar en detalles porque alguna vez se va a enterar de la existencia de este blog y se va a poner mal o enojar y eso no lo queremos), aparecen antiguas relaciones, vínculos o apenas flashes en la cabeza, o delante de los ojos.
Las retinas suelen ser muy poderosas. Sépanlo. El poder de las retinas.
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Una, que ya no aparece salvo tuiteramente, me provoca deseos inconclusos.
Otra, que ya no aparece ni siquiera tuiteramente, ni por feisbuc, ni por el chat del bb, ni el de gmail, ni el de hotmail, ni nada, me sigue dando ternura. Y ganas. Tengo ganas.
Y otra del cajón re los recuerdos, que veo o cruzo con cierta cotidianidad, me mira con esos ojos que… Eso. Abrazable, sería la palabra. Se lo dije. Se rió.
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Me puse tierno, che. Puta madre.
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La cosa es que tengo todo eso en la cabeza. En las retinas. Pero nada de verdad. Tal vez ese sea mi problema, mi punto débil, mi karma, mi Dalma, mi pozo ciego. Este: nunca consigo llevar a tierra firme lo que mi cabeza genera con realidades y ficciones.
Y creo, creo, que ya es hora de dejar de descargar las culpas.
Es cierto que muchas incluyen Teria entre sus nombres. Es cierto que algunas no saben lo que quieren, incluso menos que yo. Es cierto que se me han asustado. O que se han arrepentido. O todo eso junto. Es verdad que generaron, en muchos casos, cosas que después no pudieron sostener. Todo eso es verdad.
También es verdad que siempre pasa lo mismo.
Tal vez sea un buen momento para soltar una frase hecha. Hechísima.
No sos vos: soy yo.