Derrotas, caídas, papelones y (des)encuentros…

MdP! Manual de Perdedores


Ella(s) 3

Posted on julio 19, 2011 by Jota

Como todos saben, La Sonrisa más linda del mundo ha dejado de sonreír. O no, en realidad: sólo dejó de sonreír para mí. Después de un último intento por acercar, al menos, mi parecer sobre las cosas, no respondió a mi envío y el contacto se descontactó.

Como todos saben, también, Ella, que no es —-> ella—-> La Sonrisa más linda del mundo, sino Ella, con mayúscula, me había avisado después de nuestro encuentro cumbre: mirá que voy a desaparecer.

Cumplió, desde ya. Desapareció. Y no sólo que desapareció, sino que después apareció para tener una merienda relámpago y después se enojó quién sabe por qué y después se enfrió hasta por los fríos medios de comunicación electrónicos. En vez de mensajes de texto, empezó a devolverme estalactitas.

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La Sonrisa más linda del mundo me rompió el corazón, ya pegado, como siempre, con engrudo.

Ella, en verdad, no, aunque tenía otras expectativas para ese vínculo ‘sin compromisos’ hasta que me enteré que ya anda correteando a otro y conmigo ni pan ni cebolla.

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Sin expectativas, pues, volví a andar por la vida cuando sin esperarlo ni pretenderlo una chica a la que apodaremos La Nena (imaginen, los que me conocen, por qué) me mandó -por así decirlo- de la nada el siguiente mensaje de texto:

-Quedo muy mal si te digo que en vez de salir con mi amiga me hubiera gustado salir con vos?

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Quedó realmente muy bien, claro. Nuevos horizontes.

Y ampliaremos.

La fiesta inolvidable 10

Posted on julio 17, 2011 by Jota

Iván que quiere ir a una fiesta, fiesta a la que yo mismo lo invité. Iván que, entonces, me manda un mensaje:

-Vamos a la fiesta?

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Nano que me aparece fantasmal en el messenger, y me dice:

-Vamos a jugar al ping pong con Iván?
-Arreglé con Iván para ir a una fiesta. Venite
-Vení para acá y después vamos

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Voy a jugar al ping pong y, además de Nano e Iván, están La Novia de Nano, una chica más y dos desconocidos (de todos). Entonces nos turnamos para jugar. Un rato Iván y yo, otro rato Nano y yo, otro rato La Novia de Nano y yo, y los desconocidos de siempre.

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Me canso, en un momento, de jugar al ping pong. Los deportes extremos no son lo mío. Y Antonia que me manda un mensaje, me dice dale, dale, daleeee venite a la fiesta!

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En la fiesta son todas chicas, me dice, me cuenta, yo ya lo sabía porque García, la chica de la fiesta, la del cumpleaños, me había avisado, dicho incluso que fuera con amigos. Hombres. Solos, de ser posible.

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-Me están insistiendo con que vaya a la fiesta -le digo a Iván, y entonces vamos.

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Y Nano y La Novia de Nano nos llevan, nos dejan ahí. El lugar es raro: hay que tirar de una soguita -tensa la soguita, viste?- para que te abran. Es el timbre. Dicen. “Tirá fuerte”. Y tiro fuerte.

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Abre un muchacho, nos mira, a Iván y a mí, sorprendido. Pregunto, entonces:

-Venimos a la fiesta.
-Bueno… Fiesta, fiesta… no es. Reunioncita, digamos.

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Aparece Antonia, pero yo no sé que es Antonia y Antonia no sabe que soy yo. Me presento:

-Hola, soy Jota.
-Hola, soy Antonia.
-Qué Antonia? Antonia Antonia? Yo soy Jota
-Ahhhh!! Jota!!!!

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Y parece desilusionada.

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Subimos una escalera. Doce mujeres y un hombre sentados alrededor de un par de mesas. La música baja, las luces altas. Todos nos miran. Me siento en un grupo de autoayuda, o de esos grupos para recuperarse de las adicciones, donde uno se presenta:

-Hola, soy Jota y llevo tres años sin tener novia

Y todos responden, a coro:

-Hola, Jotaaaaa!!!

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Las chicas nos miran. Iván que empieza a hacer chistes. Algunos chistes no son bien recibidos por las chicas. La ironía no es bien entendida por todos.

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García, la del cumple, avisa que se va a poner bueno.

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Iván que me dice que nos vayamos. Pero no nos vamos. No es que confíe en que se ponga bueno: me da cosa irme.

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Hablo con Iván durante aproximadamente una hora. Se acerca una chica: quiere que socialicemos con las chicas. Iván hace algunos chistes. La chica se enoja. Volvemos a quedar solos.

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Antonia? Llega un amigo de ella, un famoso, de esos de la tele y la radio, viste? Ya no nos da bola. Ah, el famoso, raro famoso, sólo pasa música. Pero me dio la mano. Un famoso me dio la mano. Como si importara.

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Una chica termina, por fin, socializando con nosotros. Hablamos de la mar en coche, que dónde trabajás, que qué hacés, ah, mirá, también periodista. Cómo que trabajaste en el Grupo Clarín? Entonces conocés a…?

Y me dice un nombre, le digo que sí. Le pondremos… Lorna.

-Claro que la conozco -digo-. No personalmente, pero yo leía lo que escribía -mentí- y veía sus videos -dije la verdad-.
-Ay! Está acá!
-Lorna está en la ‘fiesta’?
-Sí!!! Lornaaaa

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Y la va a buscar.

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Viene Lorna, cargada de algo así como bronca por haber tenido que acercarse. Hablamos. Ella habla mucho, pero tiene toda la mala onda del mundo. Será la fama. O seré yo.

Lorna, claro -creo que si no, no hablaríamos de ella-, es muy linda. Creo que su único problema es la fama: mal y/o des trata a la gente.

A mí me maltrata. Y a la vez me destrata.

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Parece que hay onda entre Iván y Sofía, la amiga de Lorna.

Claramente no hay onda entre Lorna y yo.

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Hacemos un juego. Básico. Preguntas y respuestas. Nos divertimos un rato. Creo que Lorna se divierte con nosotros.

Lorna me odia.

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Lorna me critica todo lo que digo, me cuestiona todo lo que hago, no me cree una palabra. Lorna, claro, no me conoce. Empiezo a odiarla y se lo digo.

A Lorna no parece importarle.

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Iván y Sofía se quedan hablando. Son las 3.30 y ya me quiero ir. La fiesta nunca será fiesta. La paso bien, igual. Es divertido. Me siento al lado de Lorna. Por fin, después de dos horas, entablamos un diálogo breve, de apenas cinco minutos. Y ya no peleamos.

Lorna, igual, me ignora por completo.

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Me voy, digo. Me voy. Y me hacen esperar a las velitas.

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Iván va al baño. Me quedo con Lorna y Sofi. Le digo a Lorna:

-No podés tratar así a la gente. No sé si es que sos famosa y te creés famosa, o si te gusta y lo hacés por placer, pero algunos tenemos algo así como sentimientos, creo que se llama, sí, sentimientos se llama. Todo bien, no me enoja, no te conozco y no te voy a ver más en mi vida, pero tratá de divertirte sin joder a la gente. Se puede. Y de última, te das vuelta y te vas.
-Me hacés sentir mal.
-Es la idea.
-En serio me estoy sintiendo mal.
-Bueno, no quiero que te sientas mal. Pero de verdad, sos muy jodida. No está bueno. No voy a llegar a casa y me voy a poner a llorar, pero la verdad que es un garrón que seas así.

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Tal vez se siente mal en serio.

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Nos vamos. Bajamos. Van para el lado de mi casa, pero se quieren tomar otro taxi. Caminamos con Iván, que parece que al final no tuvo onda con Sofi. O al revés. O las dos cosas.

-Vamos hasta Córdoba y tomamos un taxi -le digo a Iván-. Te acerco hasta Santa Fe y vuelvo para este lado.

 

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Córdoba está a dos cuadras, pero no sé por qué el camino se hace eterno. No bien llegamos a Corrientes, lo entiendo: caminamos para el otro lado.

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Al final me tomo un taxi solo. Vuelvo a casa. Escribo esto.

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No tiene que ver exclusivamente con Lorna. No importa. En estos momentos me pongo a pensar en Ella. Y en La Sonrisa más linda del mundo, también. Y además en Lorna, claro. Y no entiendo por qué las mujeres se encargan cotidianamente de joderme la existencia.

Ella (VII) 17

Posted on julio 13, 2011 by Jota

-Llamame.

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Nunca, pero nunca, jamás, en los aproximadamente seis meses que conozco a Ella, ella me pidió que la llame.

Pero -raro en Ella, entonces- ayer lo hizo. Y, felpudín con patas, la llamé a los treinta segundos.

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Nada grave. Me dijo que estaba por Capital, que tenía una hora y media libre, que tenía ganas de verme.

-Estoy trabajando -le dije.
-Pero puedo ir para donde vos estás, tengo el subte cerca y después sigo para casa que vienen las chicas -me dijo.
-Bueno, me escapo una hora y tomamos algo.

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Y me escapé.

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Que esté por esta parte de Capital, ciudad que -ya que estamos- después del domingo cada vez entiendo menos, es toda una sorpresa: Ella no es de estos pagos. Vive en Vicente López, trabaja en Liniers y sólo muy de vez en cuando aparece por otra parte de la Ciudad Pro, en horarios cruzados con los míos o por zonas que yo, realmente, mucho no manejo. Este fue el caso atípico.

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A las seis y media de la tarde, entonces, nos encontramos por Palermo, a una cuadra de mi trabajo. Un bar con nombre francés y cosas muy ricas.

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Nos acaramelamos un poco -no sólo por el pan de banana y miel y el submarino en un súper tazón-, charlamos de esto y aquello, me contó qué anduvo haciendo en estas semanas de desaparición anticipada y me dejó, de paso, algo bien en claro:

-Jotis, vos sabés que me caés genial. Sos un divino, un amor, lo que cualquiera querría…
-Ay…
-Qué?
-Ya conozco ese discurso.
-No! De verdad te lo digo, sos todo lo que una puede esperar! En serio!
-Pero…?
-Pero ya lo sabés. En este momento no sé si quiero un novio.
-Ah.
-No me odies.
-No te odio. Yo tampoco sé si quiero una novia. O al menos tampoco sé si te quiero a vos así como novia…
-jajajaja
-…
-Bueno. Entonces sigamos así.
-Me parece genial.

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A los diez minutos casi que salió corriendo.

-Se me hizo re tarde! Tengo que estar antes de las nueve en casa que vienen las chicas a estudiar!

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Y, pájaro que comió, o merendó, voló, voló.

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Desde el tren me mandó un mensaje:

-Este finde no creo que pueda verte! Tengo mil cumpleaños! Pero nos hablamos! :)

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Hablaremos. O qué otra cosa se puede hacer?

:|

 

 

Dame más 3

Posted on julio 10, 2011 by Jota

Lo recuerdo como si fuera hoy: mi hermano, G, insistiéndome con que me abriera un blog. Fue hace poco más de tres años (y eso me recuerda que me olvidé de soplar la tercera velita, soy un desastre) y yo le dije con claridad y contundencia:

-Ni en pedo. No sirve para nada.

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Por entonces tampoco tenía facebook. Y mi hermano, G, me insistía:

-Tenés que abrirte uno, es genial. Encontrás a todos tus ex novias de la primaria, a tus compañeros del secundario…
-A mis novias de la primaria las veo todos los años, nos seguimos viendo. Y si quisiera ver a los del secundario, los llamaría por teléfono, pero no me interesa verlos. Ni en pedo me hago un facebook.

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Ahora tengo dos.

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Mi vieja PC, obviamente, la cambié por una notebook después de negarme casi ideológicamente a esa chance.

-Para qué la quiero? Si yo no ando con la compu por la calle ni me la llevo a la cama? No, eso no.

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Desde hace cinco años que tengo laptop o notebook o como se le llame.

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Además de blog y de facebook, claro, tengo messenger, chat de gmail, skype, varias cuentas de correo electrónico (aunque al menos todas derivadas a una sola), y tenía un celular poco moderno. Porque siempre fui tajante, como se debe:

-El celular es para hablar por teléfono y mandar mensajes de texto. Y para mirar la hora. No me interesa tener otra cosa.

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Llevo seis meses con blackberry y me consuelo diciendo que es regalado, que era el aparato que G ya no usaba.

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Hasta que empecé con el BB, tenía una cuenta de twitter que usaba sólo por motivos laborales, para buscar cierta información que me resultaba más difícil encontrarla por otro lado.

Desde que tengo el BB, tengo no una sino dos cuentas de tuiter y me la paso tuiteando el día entero. Podría admitir, incluso, que conocí chicas por tuiter. Y eso no está bien.

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Hace unos días, el colmo de los colmos:

-Viste que ahora salió el google+? -me dijeron.
-No, ni idea lo que es.
-Es una nueva red social!
-Ni idea. No me interesa, ya tengo demasiado. Además, qué particularidad tiene que resulta interesante
-No sé pero va a estar re buena, le quiere competir a facebook y podés combinarla con tuiter y no sé qué
-Al pedo. No sirve para nada.

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Dos días atrás me negué rotundamente. Realmente, muchachos, muchachas, ya es demasiado.

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Desde ayer, lógico, tengo cuenta, soy ‘usuario’ de google+. Sinceramente no sé cuánto podré durar, ni entiendo su funcionamiento y/o utilidad. No quiero prometer nada, pero no me veo más de unos meses con eso (siempre y cuando se pueda cerrar), como para probarlo.

Lo que sí necesito es una vida nueva. Y gente de carne y hueso. Me doy cuenta de que me convierto en adicto a todo (redes sociales, teléfonos, series, mujeres, trabajos). Y ya me estoy volviendo un poco loco… O más que un poco.

Ella (VI) 14

Posted on julio 07, 2011 by Jota

A Ella no le gusta que hable de ella. Como siempre pasa cuando conozco a alguien, tarde o temprano termina entrando a mi blog. O, como es el caso, ella ya sabía de su existencia: me había visto en la tele.

Cada tanto, dice, me cuenta, entra. Y me dice, me cuenta también, que se divierte mucho. Salvo cuando hablo de Ella, que es ella:

-Me hacés mierda cada vez que hablás de mí -me dijo la última vez, anoche.

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Y no es que la haga mierda, sino que digo la verdad, mi verdad. Y después ustedes, los lectores, las lectoras, se encargan de sentenciar en sus comentarios. Sentenciarla y sentenciarme.

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Ella, de todos modos, es complicada, ella lo sabe, #tieneproblemitas como cada uno de los mortales.

Yo también los tengo.

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Pero a mí me gusta así. Yo la quiero así. La banco así. La espero así.

Her name is…teria?

Sí, lo sabemos. Lo sabe. Lo reconoce.

Eso hace que la valore más que a otras: lo sabe, lo dice, lo reconoce. Lo asume.

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Pero tiene otras cosas. Una sonrisa que me da vueltas, por ejemplo. Tengo algo con las sonrisas: una linda sonrisa me atrapa, me llena, me convence. La de Ella es increíble. Blanca y radiante, con la curvatura inferior que la hace grande pero no enorme, perfecta, divina, única.

Tiene, además, un cuerpo súper abrazable. Da gusto, aunque a veces se ponga arisca y huya. Da gusto.

Desaparece, como ya saben, pero cuando aparece es tan increíble que está bien, está bien… Que desaparezca para aparecer así, tan ella, tan Ella.

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Ella, también a veces, se come las eses. Lo fuerza, creo, le gusta hacerse la dura, la recia, la que puede con todo, la que se lleva el mundo por delante, la que tiene más calle que Buenos Aires, aunque no tenga todo eso, aunque sea una dulzura frágil que anda por la vida sufriendo y temiendo, sostenida por esas patitas tan acariciables. Y tibias. Ideal para el invierno.

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La última vez, antes de irse, me dejó un mensaje en la heladera. En realidad, no es un mensaje, sino una inscripción. Un apodo. El de Ella.

Cada mañana, cuando me levanto y lo veo, la veo a Ella. Y sonrío. Como sonríe ella -aunque a mí no me salga tan lindo-, esperando a verla de nuevo, tan ella, tan Ella.



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